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Esto es un guion que es que escribe que no puedo producir... por favor leenlo y juzganlo hasta a su disposion...


Submitted:Aug 1, 2014    Reads: 2    Comments: 0    Likes: 0   


Cuelgo este tratamiento por que he perdido esperanzas de

hacer la película. Tengo una condición que afecta la forma

que hablo, la forma que pienso y las cosas que hago. Por lo

tanto, creo que va ser imposible hacer cine. Por eso colgare

mis tratamientos para que la gente las pueda realizar. Solo

pon mi nombre en la pela o te encontrare…

Escampa

Tratamiento

Es de noche. Las pistas están mojadas. Toda esta mojado. Las luces

de los semáforos reflejan en el suelo, formando manchas. Hay otras

manchas coloreadas que no tienen explicación racional. Claudio (un

hombre de 35 años aprox.) parado al costado de un bar, se prende

cigarrillo y suspira el humo. Observa la calle y las gotas de

lluvia caer. De pronto a Aurelio (un anciano) le empujan fuera del

bar. "No vuelvas más" le gritan. Aurelio contesta con un lio de

lisuras que se ahogan en las calles desiertas. Claudio le ofrece

la mano y le ayuda a pararse. Claudio saca su petaca y se lo

ofrece a Aurelio. Aurelio con entusiasmo lo acepta y lo agradece.

Claudio pregunta si ha sido una noche difícil. Aurelio responde

que sí, lo acaban de despedir. Claudio compadece con él. Aurelio

sonríe y revela un secreto: su ex Amo (Víctor) es millonario pero

desconfía de los bancos por lo tanto tiene toda su plata guardada

en su casa. Claudio se ríe. "Me preguntaba por qué me mandarían a

quemar un viejito". Aurelio alerto del peligro, intenta correr,

pero Claudio le coge del brazo. "No corras viejo el veneno ya está

en tu sangre". Aurelio intenta respirar, pero el aire se atraca en

la garganta, sus manos comienzan a temblar. Claudio lo mira

gozando cada momento. Aurelio cae al piso. Su cuerpo no se mueve.

Claudio se prende un cigarrillo y se va.

El cuarto es oscuro. Tiene una cama, un armario, un lavabo con

espejo y un wáter. Las paredes nunca fueron pintadas. Jaime (un

joven de 28 aprox. e hijo de Aurelio) como todas las mañanas

permanece tirado en su cama jugando con un zippo. Suspira. Mira al

techo. Suspira de nuevo. Se levanta y se viste. Un pantalón negro.

Una camisa blanca. Un saco. Una corbata. Es un mayordomo. Antes de

salir del cuarto mira a la foto de Aurelio impregnada en el

espejo. Entra a un salón lujoso y se maniobra hasta entrar a la

cocina. Coge la fuente. La cocinera le apura. Se maniobra por

salones lujosos, blancos e iluminados, hasta llegar al cuarto de

Víctor. Entra y pone la fuente en la cama. Víctor le regaña por

llegar tarde. Recordando su pasado latifundista le quita diez por

ciento de su sueldo. Jaime intenta hacer una excusa pero Víctor no

se lo permite. Víctor le manda comprar cigarros.

Al salir de la mansión Jaime no percibe que hay un carro

siguiéndolo. Dentro del carro están Claudio y Marco (un hombre de

30 años aprox.). Marco se muestra inseguro haciendo preguntas

sobre Jaime. "¿Estás seguro que es el indicado? ¿Cómo sabes que se

va unir?" Las respuestas de Claudio son vagas. Jaime entra a una

bodega y el carro para. Claudio baja. Se acerca a la bodega y

encuentra a Jaime saliendo con un cigarro en la boca. Claudio se

acerca y le invita a que vaya al bar "El Punto" esa misma noche

para hacer una "oferta, la mejor oferta de su vida." Jaime

pregunta por qué iría. Claudio responde: "Por qué no quieres morir

como tu viejo, solo, abandonado y sin ningún puto cobre." Claudio

se va, dejando a Jaime solo, pensativo.

Marco ve televisión en su departamento. Paredes pintadas a medias.

El piso levantado. Un sillón incómodo. Llega Ana (una mujer

atractiva de 28 años aprox.). Marco baja el volumen. Le pregunta

por su día. Ella le cuenta, mientras se sirve un poco de vino: Un

abogado del estudio le ofreció un puesto como abogada -falseando

documentos- por una noche con él. Ella le contesto: "gracias pero

ya tengo enamorado." Marco consuela a Ana recordándole que pronto

tendrán suficiente plata para pegar pagar la carrera de derecho y

ya no tendrá esos problemas. Ana confiesa su saturación con el

ambiente de trabajo. Marco le asegura que solo debe apuntarlo unas

semanas más, pronto tendrán una mejor vida. Ana le sonríe y le

besa. Los dos se sujetan por unos momentos. Al separarse Marco

anuncia la reunión con Claudio en el Bar "El Punto". Ana intenta

fingir sueño. Marco inste que vaya. Ana admite su miedo de

Claudio. "No te preocupes si intenta hacer algo, yo te protegeré."

Jaime tirado en su cama juega con el zippo, mirando el techo.

click click click De pronto coge su casaca y sale del cuarto.

Mientras tanto, en el Bar "El Punto" todos esperan. El lugar es

oscuro y apestoso. Casi todo es hecho de madera, la cual está

partida y astillada. La poca luz que hay está quebrada. Hay un

foco azul, brillante, que ilumina en el fondo. Claudio lee un

libro. Ana se muerde las uñas y mira a Claudio de reojo, Bicho (un

hombre de 20 aprox. con ropa de marca) juega con su celular y

Marco intenta esconder su ansiedad limpiando vasos que ya están

limpios. Entra Jaime. Claudio le sonríe y lo invita sentarse.

Jaime prefiere quedarse parado. Demanda una explicación. "Es muy

simple. Sabes que desde la reforma agraria Víctor, tu amo, teme un

¨coralito¨. Por eso guarda desconfía de los bancos. Por eso guarda

toda su plata en su Mansión. Plata que todos acá necesitamos. Por

lo tanto vamos a robarle cada puto centavo que tiene." Jaime se

ríe, les agradece por la broma y voltea para irse. Marco suelta

una carcajada pero Ana le mira mal. Claudio dice que nadie se está

riendo. Jaime voltea para verlo. Se arma un debate entre Jaime y

Claudio. Jaime piensa que están locos para robarle a Víctor. A

Claudio no le importa, solo quiere que Jaime se una a la banda (y

que empiece la diversión). Al final Claudio le aconseja a Jaime

salir, fumarse un cigarrillo y pensarlo. Jaime, consternado, se va

afuera. Marco preocupado que Jaime sepa demasiado sobre el robo,

regaña a Claudio. Claudio no está preocupado. Para nada. Manda a

Ana para dar a Jaime un último "empujón". Ana reluctantemente va.

Afuera del bar encuentras pedazos de basura desparramadas en las

veredas rajadas. Las pistas siguen mojadas. Todo sigue mojado. Ana

sale para encuentra a Jaime fumando un cigarro, agitado. Le pide

uno. Se lo da. Jaime le pregunta cómo terminó metida en el robo.

Ana le cuenta que toda su vida quiso ser abogada, pero nunca tuvo

plata para pagarse la carrera por lo tanto aplicó para varias

becas pero con ninguno ligó. Cuando Marco le conto sobro el robo,

pensó que estaba loco pero después, se dio cuenta que era la única

manera de estudiar derecho. Jaime saca el Zippo de su bolsillo y

se lo muestra. Cuenta que es lo único que le dejó su padre al

morir, que pasó toda su vida ahorrando y compró un terreno pero

Víctor construyó encima (en el Perú, si alguien construye encima

de tu terreno y no reclamas en veinticuatro horas, el terreno

queda para el invasor). El terreno pasó para Víctor y Jaime se

quedó con nada. "Si algún día tenga hijos, quisiera dejarles algo

más que un encendedor." Ana le pregunta si se ha decidido meterse

al robo. Jaime se queda mirándola.

En el bar, Bicho sigue jugando con su celular, Claudio lee su

libro y Marco limpia la barra en un bar sin clientes. Entran Jaime

y Ana. Jaime anuncia su decisión: va a unirse al robo. Claudio le

da la mano y pide un par de cervezas para celebrar. Marco las

sirve.

Un par de horas después todos han tomado un par de cervezas de

más. Claudio cuenta una historia. Los demás se ríen al escuchar el

final. Jaime mira la hora y anuncia que es hora de irse. Todos se

paran y se alistan. Claudio declara que tiene unos asuntos a

coordinar con Marco. Los sobrantes se van, Marco y Claudio se

quedan solos. Van a la oficina a conversar.

Torres de papeles. Dos sillas de metal oxidadas. Una carpeta

rajada. Un foco desnudo. Claudio y Marco entran contando chistes y

riéndose. Se sientan. Claudio se pone serio y hace una

advertencia: si Marco se ríe a su siguiente comentario, lo

golpeará. Marco piensa entender, por lo tanto le dice que

entiende. "Ahora que estamos todos reunidos, es hora de ir

planeando cómo deshacernos de Bicho y Jaime después del robo".

Marco se ríe y Claudio se ríe con él. Pero de un momento a otro,

Claudio se para y le tira puñete, tumbándolo al suelo. "Es hora de

hablar en serio. Si fuera por mí, dejaría que todos se vayan

felices con sus partes, pero si mis colegas se enteran que deje un

grupo de amateurs irse con un pozo tan grande, quedaría como el

ridículo. Y yo no pienso quedar como el ridículo." Marco suplica

que no le involucre en sus planes. Claudio sonríe y saca su

maletín. Del maletín saca cuatro armas: una pistola, un cuchillo,

un garrote y un frasco con veneno; describiendo y comentando cada

uno: "el cuchillo es muy personal". Al llegar al veneno, implica

que ha envenenado a Ana. Le pregunta a Marco si entiende. Ahora

sí, Marco comprende. Marco afirma (asienta) con la cabeza. Claudio

saca otro frasco (el anti-veneno) del maletín, declara que lo odio

pero si lo ayuda, se lo dará para salvar la vida a Ana (el veneno

demora una semana en funcionar). Marco acepta sus condiciones.

Claudio se guarda el anti-veneno en el bolsillo. "Ahora,

planeamos". Mientras tanto, Bicho entra al bar en búsqueda de su

celular. Revisa el piso y lo encuentra. Escucha voces. Se acerca a

la oficina. Está a punto de abrir la puerta cuando escucha que

planean matarlos. Saca su celular y los graba.

Volvemos al pasado.

Ropa tirada. Muebles desacomodados. Discos, discos y discos. Un

monitor alumbra todo el cuarto. Bicho, sentado, escribe. Suena el

timbre. Bicho abre una pisca y agüita. Es Claudio. Le pregunta si

él es Arturo "Bicho" Ramírez. Bicho contesta negativamente. Bicho

empuja la puerta para cerrarla pero Claudio tira su cuerpo contra

la puerta, rompiendo el cerrojo, tirando Bicho para (al) el piso.

Bicho le ruega a Claudio que se robe lo que quiera, pero que no le

mate. "No te asustes, soy un fan". Claudio saca un esquema y lo

pone en el piso. Bicho lo observa. Claudio le pregunta si conoce

el aparato. "Sí, es un Blackbox 5500, supuestamente es

inhackeable". Claudio le pregunta si lo puede hackear. Bicho

responde: sí. "Perfecto, justamente busco a alguien para eso."

Bicho mira al esquema con un gesto eufórico.

De vuelta al presente.

La mañana siguiente, Jaime empuja a Víctor, que está en una silla

de ruedas, hacia una playa de estacionamiento. El cielo es gris.

Eternamente gris. Se escucha el transito cogestionado. Víctor le

recuerda sobre el intento de Aurelio de empezar una empresa con

aquel terreno. Jaime solo contesta en afirmativos. "Los sirvientes

solo deberían pensar en servir a su amo, no en tener sus propias

empresas". Le pregunta donde salió la noche anterior. Jaime, le

cuenta que salió a tomar unas cervezas. "Supongo que un poco

recreación es necesaria, pero que no se haga habito." Entran a la

playa de estacionamiento. Se encuentran con la Sra. K (una mujer

de 30 apox. atractiva, vestida de sastre y lentes.)La Sra. K les

saluda cordialmente. Ni Víctor, ni Jaime le devuelven el saludo.

La Sra. K le pasa un maletín a Jaime. Jaime lo recibe. Víctor

pregunta si esta todo ahí. "Nosotros no hacemos errores Sr.

Biamonte." Víctor indica que eso espera. La Sra. K le pregunta si

hay algo más para considerar. "Cuando te canses de trabajar para

ellos yo tengo un trabajo para ti." Se frota la entrepierna con la

mano. La Sra. K, sarcástica, anuncia que lo tendrá en cuenta.

Víctor ordena a Jaime llevarlo al carro. Al salir de la playa,

Víctor declara: "Las mujeres solo sirven como amas de casas y

putas." Jaime responde: "Sí señor", con desdén.

Esa noche se reúne la banda para planificar como infiltrar la

mansión. Jaime aporta sus conocimientos e ideas. Después de un

largo debate, Claudio decide que la mejor manera de perpetrar el

robo es si Ana posa como la prostituta de Víctor. Marco se

indigna, no hay forma que su enamorada vaya a pasar como (por una)

puta. Pero Ana declara que lo hará. Se arma una discusión entre

los dos. Son interrumpidos cuando Claudio jale a Marco para (a) un

costado y lo lleva para la oficina. "¿Te gustaría cacharte un

muerto?" Marco responde: no. "Si sigues así, tu flaca morirá y me

aseguraré que te la caches muerta." Mientras tanto, en el bar,

Bicho jala a Jaime a un costado y le cuenta lo que escuchó la

noche anterior. Jaime, rabioso, va a Ana y la acusa de manipularlo

para después matarlo. Ana no sabe de qué está hablando. Jaime

señala que Bicho tiene un video de Claudio y Marco planeando cómo

matarlos. Ana, asustada, admite que no sabe nada. Claudio y Marco

salen de la oficina. Jaime le susurra a Ana que no diga nada.

Marco se acerca a Ana, la abraza y le da la razón. Ana

reluctantemente le devuelve el abrazo. Claudio anuncia que han

planeado suficiente para esa noche y la noche siguiente

continuaran. Jaime, Bicho y Ana salen a caminar para conversar lo

descubierto. En la calle Bicho les muestra el video de la noche

anterior. Ana se queda estupefacta. Jaime le recomienda alejarse

de Marco lo más pronto posible. Bicho propone hacer un plan contra

Marco y Claudio. "No, yo estoy fuera, ustedes deberían hacer lo

mismo". Bicho se despide y se va. Ana y Jaime se quedan solo. Ana,

confundida y enfadada, seduce a Jaime y lo besa apasionadamente en

mitad de la calle (solo quiere protegerla).

Cortinas descosidas. Sabanas manchadas. Paredes manchadas. Un

televisor roto. Un sonido constante. A pesar de la hora, el cuarto

tiene un tono brilloso. Ana duerme. Jaime la observa. Están

desnudos bajo las sabanas. Ana se despierta y le pregunta a Jaime

la hora. Jaime se lo dice. Ana se para y, apresurada, empieza a

vestirse. Jaime la sigue observando. Jaime le propone escaparse a

algún lugar. Ana le pregunta cómo, si no tienen plata. Jaime la

presiona. "Tengo que ver cómo esconderme de Marco. En serio Jaime,

lo mejor que puedes hacer es desaparecer y olvídate de todo." Ana

se alista el pelo y se va.

Una vez más al pasado.

En su departamento Marco y Ana se pelean. Según Ana, Marco está

loco para pensar en robar. Para Marco, sus ingresos económicos son

demasiado escasos para mantener su vivienda. La discusión termina

cuando Marco recuerda a Ana el acoso sexual constante de sus

jefes. Ana, consternada, se siente en una silla. La cámara

lentamente se acerca a ella y de un momento a otro la mira y da

una leve sonrisa.

De vuelta al presente.

Jaime llega a la Mansión de Víctor. Traspasa la reja. Camina el

largo trecho hasta llegar a la residencia. Entra. Al ver los

salones blancos y lustros, se asombra como si fuera la primera

vez. Camina hasta su habitación, percibiendo la decoración lujosa

de las habitaciones, mareándose de lo opulento. Al entrar a su

cuarto, lo mira con desdén. Se acerca al espejo y coge la foto de

Aurelio. La observa con asco. Saca el zippo y la quema, dejando

las cenizas caer en el lavabo. Desde un teléfono público, llama a

Bicho, levantándolo. "Llama a Ana que tengo un plan".

La mañana siguiente se reúnen Jaime, Ana y Bicho. Jaime les cuenta

su plan: dejará un carro en la parte posterior de la Mansión,

cuando Bicho hackee la caja fuerte, él noqueara a Claudio y los

tres se escaparan con el dinero. Así tendrán la plata y no matarán

a nadie. Bicho, convencido, declara su complicidad. Ana,

preocupada por el bienestar de Marco, duda, pero es convencida por

Jaime. Bicho se va. Jaime se sienta al costado de Ana y le

pregunta si se puede repetir lo de la noche anterior. Ana le

sonríe.

Otra vez en un cuarto de hotel maloliente, Ana y Jaime terminan de

tirar. Otra vez, Ana intenta irse lo más rápido posible. Jaime

está determinado a que se quede. Se interpone entre la puerta y

Ana. Ella le pide que se mueva. "Tanto apuro tienes para regresar

a un novio que quiere matarte y jefes que te acosan". Ana le

empuja, sin éxito. Le empuja de nuevo pero se va para atrás.

Afligida, mira el piso. Jaime se acerca y la abraza. Le propone

que ya no debe preocuparse de esas cosas, pronto tendrá suficiente

plata para mudarse a un mejor lugar. Ana admite que tiene razón.

Le pregunta si le gustaría acompañarla. Jaime responde: "solo si

ella quiere". Los dos se dan un beso apasionado. Jaime y Ana se

quedan todo el día en el cuartito maloliente. Tirando,

conversando, riéndose. Son interrumpidos cuando suena el teléfono.

Jaime contesta. Es Claudio. "Oe Fontain tenemos un problema,

encuéntrame afuera de la casa de tu amo. Ven solo."

Jaime llega a las afueras de la mansión de Víctor para encontrar

un Camión de Telefónica. Se abre una puerta del camión, Claudio

saca la cabeza y le pasa la voz. Jaime entra. Ahí encuentra a

Claudio y Bicho vestidos en monos. Claudio le cuenta que Bicho

necesita una conexión a internet para hackear el Blackbox pero

Víctor no tiene una. Por lo tanto, le van a instalar la conexión.

Él y Bicho harán la instalación, mientras Jaime se quedará al

volante por si deben fugarse. Jaime anuncia que comprende. Bicho

y Claudio se bajan del carro. Jaime coge a Claudio del brazo.

Claudio mira su mano y Jaime la retira. Le pregunta cómo sabía

dónde estaba. Claudio responde con una pregunta:" ¿Sabes cuál es

mi oficio?". Jaime responde negativamente. "Yo soy sicario.

Nosotros los sicarios vivimos de la información. Nos gusta saber

todo sobre nuestras marcas. Así sabemos cuál es mejor momento para

quemarlos. ¿Me entiendes?" Jaime se percata de un hueco con

manchas de sangre alrededor en el mono de Claudio y afirma

(asienta) con la cabeza. "Muy bien". Claudio le da una leve

cachetada (en cachete) y se va (tengo que matarlo, tengo que

matarlo, tengo que matarlo). Bicho y Claudio empiezan hacer la

conexión, todo aparenta ir como planeado, pero un serenazgo ve el

camión, se acerca y le pide documentos a Jaime. Jaime intenta

disimular, buscando la orden, pero el serenazgo pierde (la)

paciencia y coge su radio para reportar el camión apócrifo. De

pronto, aparecen Claudio y Bicho. Claudio saca su pistola, le

ordena subirse al camión. El serenazgo obedece. Bicho se queda

estupefacto al ver la pistola. "Y tú también," grita Claudio.

Bicho también obedece. Al entrar, Claudio se guarda la pistola,

comienza a golpear al serenazgo. Jaime voltea a ver. Claudio le

grita que maneje. Jaime acelera. Los golpes al serenazgo retumban

por toda el camión. Bicho, acorrucado en una esquina, mira

atemorizado.

En bar "El Punto", Marco cuelga vasos. Entra Claudio sosteniendo

al serenazgo y lo lleva para la oficina. Entran Jaime y Bicho. El

miedo de Bicho no se ha calmado. Marco pregunta qué pasó. Jaime

responde: hubo un incidente. Sale Claudio de la oficina y coge su

maletín de detrás de la barra. Jaime declara que no puede matarlo.

"¿Y qué piensas hacer? ¿Darle 100 luquitas? Es muy tarde. Ya nos

vio las caras. No se preocupen, yo me encargaré." Jaime se queda

callado. Claudio agrega que Bicho se puede ir, pero necesita la

ayuda de Marco y Jaime para encargarse del cuerpo. Claudio se mete

a la oficina. Bicho se va sin despedirse. Marco se acerca a Jaime

e intenta convencerlo actuar contra Claudio. Jaime se queda

callado, mirando la oficina. Claudio entra a la oficina y empieza

a torturar psicológicamente al serenazgo. Primero, le da hielo

para sus moretones. Después, se disculpa por haberle pegado.

Luego, le da agua. Le pregunta si tiene familia. El serenazgo

contesta: sí. ¿Hijos? El serenazgo le cuenta que tiene dos hijas.

"¿Sabes que no las volverás a ver? ¿No?" El serenazgo lagrimea.

Claudio se pone filosófico, proponiendo: "el acto de matar es un

arte, el arma puede ser la misma pero el asesino la hace

diferente." Pone ejemplos de formas de matar: disparar,

estrangular, incendiar y envenenar. El serenazgo mira

sospechosamente su vaso. "A no, yo pensaba darle un toque más

personal." Claudio saca un cuchillo de su maletín y apuñala al

serenazgo varias veces en la barriga. El serenazgo cae al piso y

grita agonizando. Claudio se siente en la silla y lo contempla.

Entran Jaime y Marco para ver el origen de los gritos. Marco le

ruega matar el serenazgo de una vez. Claudio se queda inmóvil.

Jaime también mira al serenazgo. Marco le sigue rogando a Claudio,

el cual le ignora. Jaime rebusca el maletín y saca una pistola.

Apunta la cabeza de serenazgo y dispara. Da al piso. Dispara de

nuevo. De nuevo al piso. Se pone de cuclillas, reposa el cañón en

la nuca del serenazgo y dispara. Sesos se desparraman por el

suelo. Claudio suelta un suspiro muy relajante, casi orgásmico.

Marco y Jaime le miran asombrados. Claudio se para. "Bueno, vamos

a enterrarlo." Jaime y Marco se quedan mirando a Claudio.

En un desierto frío y rojo: Claudio, Jaime y Marco cavan un hueco.

En silencio cavan. No ven el cielo, ni alrededor, solo la herida

que procrearon. Claudio se sienta a descansar y se prende un

cigarro. Le pregunta a Jaime cómo se siente matar a alguien.

Jaime, horrorizado al dar se cuenta, contesta: "Pensé que iba ser

difícil, pero no lo fue, fue fácil." Claudio le sonríe y proclama

que ese es una verdad que la mayoría de la humanidad evita.

Claudio cuenta, muy nostálgico, sobre su primer asesinato. Cuando

termina suspira y decide que han cavado suficiente. Los tres se

agrupan alrededor del capo de carro. Claudio lo abre. Al oler el

cuerpo, Marco se vomita encima. Jaime mira a Marco. Claudio: "Ahí

va uno." Claudio coge el cuerpo del torso y Jaime de las piernas.

Jaime intenta aguantarse las pero no puede. Vomita. Claudio se

ríe. Claudio: "Ahí van dos." Tira el cuerpo al pozo.

"Eventualmente te acostumbras al olor."

Jaime, Claudio y Marco regresan al bar. Claudio coge su maletín de

atrás de la Barra y va, dejando un consejo: que se comportan.

Marco aprovecha e intenta convencer a Jaime de aliarse con él

contra Claudio. Jaime le acusa de planear de matarlo. Marco

intenta contarle sobre el veneno, pero cuando menciona el nombre

de Ana, Jaime se enfada. Empuja a Marco, advirtiéndole que se

mantenga alejado de Ana. "Pero, es mi enamorada." Jaime le

contesta que era y se va. Marco aun cubierto de vomito va su

departamento para buscar una explicación, pero cuando llega

encuentra la casa vacía y los armarios de Ana desocupados.

Por tercera vez al pasado.

Marco limpia la barra. Hay tres personas en todo el bar,

incluyendo Marco. Entra Claudio, le saluda a Marco, se trepa a la

barra y se mete detrás. Coge un vaso y se sirve. Marco

nerviosamente se acerca y le pide remuneración por la cerveza.

"¿Por qué, si es mi bar?" Marco, aun nervioso, se ríe, agradece el

chiste y demanda la remuneración. "No, en serio, ahora es mi bar."

Marco hace un gesto señalando: ¿Qué? Claudio saca un documento de

su bolsillo y lo muestra a Marco. Le indica su firma, pasando la

propiedad del bar a Claudio. Marco se queda desconcertado. Claudio

le pone el brazo en la espalda. "No te pongas así, estoy a punto

de hacerte una oferta, la mejor oferta de tu vida."

Devuelta al presente.

La Sra. K y Claudio almuerzan en un restaurante elegante. Claudio

luce con el mismo polo sucio, el mismo jean descosido y las mismas

zapatillas viejas que siempre usa. Come prácticamente con las

manos y no toca la servilleta. La Sra. K, en turno, se viste con

un sastre pulcro y come con toda la finesa. La Sra. K le pregunta

cuando efectuarán el robo. Claudio le responde que el día

siguiente. La Sra. K le recuerda matar a Víctor en la mansión. "No

me digas cómo hacer (mi) chamba." La Sra. K le advierte que no

quiere una masacre entre los integrantes del grupo como la última

vez. Claudio: "Qué puede decir, los chicos se pusieron

avariciosos." Sra. K: "Ten cuidado Claudio. Ten mucho cuidado.

Nosotros te bancamos porque obtienes resultados, pero uno de estos

días nos vamos a hartar de ti, y ese día, ni en tu barcito te

esconderás." Claudio mira a la Sra. K a los ojos (córtale la

tetita). Está serio. Le cuenta que lo integrantes de la banda se

están llevando bien y planean nada desleal. "Eso espero." La Sra.

K se levanta para ir al baño. Claudio la observa desde la mesa

mientras camina hacia su destino. La Sra. K entra al baño. Orina.

Camina al lavabo. rrrrttt Voltea. Claudio está parado al costado

de la puerta. La Sra. K le pregunta qué hace ahí. El camina hacia

ella. "No te acerques." Claudio sigue aproximándose. "Gritaré, te

lo juro que gritaré." Claudio está encima de ella. La coge de

cuello. Acerca su rostro al de ella y le lame la cara. Claudio la

deja respirando hondo.

Jaime y Ana se besan afuera del Hostal. Marco, desde su carro, los

observa. Bebe y bebe de su petaca. Todo sigue mojado. Todo siempre

está mojado.

Bicho encuentra a Claudio leyendo un libro en el Bar. Le que le

cuenta saber sobre sus planes y que a él solo le importa hackear

el Blackbox, no la plata. Le propone un trato: le deja vivir si

renuncia su parte del dinero. Claudio le pone una condición: Bicho

le cuenta los planes de Jaime. Bicho duda. Claudio le pregunta si

quiere vivir. Bicho le cuento todo. Claudio se para y le ofrece la

mano. "Trato hecho."

Jaime y Ana se besan apasionadamente en el cuartito maloliente.

Jaime lo termina. Abre la boca para decir algo pero se queda

callado. Medita (tengo que matarlo, tengo que matarlo, tengo que

matarlo). "Tenemos que matar a Claudio" Ana esta horrorizada a la

propuesta. Discuten sobre la ética y la moral de asesinar. Jaime:

"Si dejamos vivo a Claudio, nos perseguiría hasta el fin del

mundo." Ana: "No quiero matar a nadie." Jaime: "Solo pienso en

protegerte." Ana da la razón a Jaime cuando él declara que se

encargara de todo. Lo único que debe hacer Ana es conseguirle una

pistola.

Por última vez al pasado.

En el entierro de Aurelio, solo están Víctor y Jaime. Víctor se

mantiene sentado en su silla de ruedas y Jaime lo sostiene. Al

terminar la función, Víctor alaba los servicios de Aurelio,

agregando que espera la misma fealdad de Jaime. Jaime confiesa sus

deseos de tener otra vida. "¿Quieres lavar carros? ¿Te gustaría

eso?" Jaime le pide que le devuelva el terreno comprado por

Aurelio. Víctor se rehúsa. Jaime insiste. "En mi casa tienes una

buena habitación, un buen trabajo. Pero si te vas, me aseguraré

que nadie te contrate. Por lo tanto, déjate de hablar

estupideces." Jaime se queda estupefacto.

De vuelta al presente.

Es la noche anterior al robo, todos se reúnen en el bar. Claudio

da un discurso motivándolos a cumplir sus roles y tener presente

el objetivo. Cuando termina, dan la espalda a Claudio y van para

la puerta. Claudio levanta su brazo, su mano tomando forma de

pistola (suena la pistola cargándose). Claudio dispara (suena el

disparo).

El día del robo Jaime llama, desde un teléfono público, a la

agencia de prostitutas y cancela la cita de Víctor. Ana rebusca y

encuentra una pistola en el bar. Otra vez en la mansión Jaime

aprovecha que la cocinera sale de la cocina y mete un polvo blanco

en la salsa de tomate. Claudio enseña cómo usar una pistola a

Marco y se lo da. Ana en el cuartito maloliente se viste de

prostituta y pone la pistola en su cartera. Jaime enciende uno de

los carros de Víctor y lo lleva a la vuelta de la casa. Bicho, con

su mochila lleno de implementos tecnológicos, se encuentra con

Claudio y Marco. Los tres se meten al carro de Claudio. Jaime les

sirve espagueti con salsa roja a los guardias. Ana llega en taxi,

se baja, se acerca a las rejas y toca el intercomunicador. Un

guardia se aproxima y le abre. Ana camina el largo trecho a la

mansión. Jaime le abre al llegar. Se dan un beso breve. Jaime la

guía hacia el cuarto de Víctor. Ana se queda maravillada de los

salones pulcros e iluminados. Jaime le pregunta si tiene la

pistola. Volviendo en sí, Ana la saca de cartera y se lo da. Le

pregunta si sabe cómo usarlo. "Más o menos. Supongo que debo

aprender rápido." Llegan al cuarto de Víctor. Jaime entra.

Encuentra a Víctor echado en su cama como siempre. Jaime anuncia

la llegada de la prostituta. Víctor le dice que la haga pasar.

Jaime hace pasar a Ana. Al entrar al cuarto, Ana se quita el saco,

revelando se cuerpo esbelto. Víctor la mira excitado. Presiona

"play" en su control, empieza sonar música erótica, y le ordena a

Ana que baile. Ana, nerviosa, baila. Claudio, Marco y Bicho

llegan y se cuadran afuera de la mansión de Víctor. Claudio y

Bicho se bajan de carro. Claudio tiene maletas colgando. Jaime va

a la casa de vigilancia. Encuentra a los guardias dormidos. Abre

la reja para Claudio y Bicho. Los tres caminan en silencio al

estudio, donde está la caja fuerte. Al entrar Bicho da una mirada

eufórica al Blackbox, saca su laptop y lo conecta al mecanismo.

Comienza su laburo. En el cuarto de Víctor, la forma en que baila

Ana deja mucho que desear. "¿Así bailas? He visto parapléjicos que

lo hacen mejor." El ritmo y movimiento de Ana mejoran. Bicho sigue

trabajan furiosamente en la máquina. Se pone a un costado del

Blackbox y remueve un panel. Cambia el lugar de un par de cables y

regresa a su computadora. Víctor le ordena a Ana acercarse. Ana

camina muy lenta hacia la cama. "Échate." Ana se echa al castado

de Víctor. Le da un beso en la boca. "Ahí no quiero el beso,

preciosa." Hace un gesto indicando su entrepierna. Ana busca algo

para golpearlo. Ve una pequeña estatua, pero está demasiado lejos.

Baja la cabeza. Bicho escribe sin pausa (lo estoy haciendo, lo

estoy haciendo, lo estoy haciendo). Claudio pregunta si hay algún

problema si jala uno de los cables. "Sí, se activa la alarma."

Claudio jala un cable. Suena la alarma. Víctor escucha la alarma,

empuja a Ana y va determinado ver qué ocurre. Ana intente

golpearlo con la estatua, pero Víctor voltea la coge del brazo y

la empuja al piso. Va a su minibar y coge una escopeta. Amenaza a

Ana con la escopeta. Jaime coge a Claudio de polo y le empuja

contra la pared. Demanda una explicación. "Tranquilo Fontain, solo

estoy haciendo las cosas más entretenidas. No te has olvidado de

tu amorcito. Está ahí solita… con Víctor." Jaime se queda

desconcertado. Le pregunta a Bicho si todavía puede perpetuar el

hackeo. Bicho responde afirmativamente, con huellas de duda en su

voz. Jaime anuncia que se va salvar a Ana y va. Víctor y Ana bajan

las escalares. Víctor tiene la escopeta apuntada la cabeza de Ana.

Jaime camina por un pasadizo, escucha un ruido y saca su pistola.

Bicho presiona y presiona teclas. Suda. Presiona y presiona más. Y

como si fuera nada, de un momento a otro presiona un par a la vez.

Click. Se abre la caja fuerte. "Lo hice," grita. Claudio acerca

las maletas y comienza a poner la plata adentro. Ana y Víctor

terminan de bajar las escaleras y ahí está Jaime apuntando su

pistola, demanda que la suelte. Claudio y Bicho terminan de

guardar la plata. Claudio saca su pistola y dispara a Bicho. Marco

escucha el disparo. Se aproxima a la Mansión. Víctor llama a Jaime

un ingrato. Jaime reitera su demanda. Ana le ruega a Jaime no

dejar que Víctor la mate. Víctor se ríe y pregunta a Jaime si le

está robando para tirarse a Ana. Entra Claudio con las maletas

colgando. Víctor ve las maletas y pone las cosas muy simples:

dejan las maletas, se van de su casa o matará a Ana. A Claudio le

importa un carajo y lo dice. Jaime le apunta la pistola, esperando

que con su amenaza obedezca. "Con las justas disparas, a esa

distancia es más probable que des al abuelo." Víctor golpea a Ana

con la escopeta. Ana cae al piso. Repite sus órdenes. Ana voltea y

le golpea la entrepierna. Víctor cae adolorido. Jaime ve la

oportunidad y dispara. Pero falla. "Te dije." Claudio apunta y

dispara. Le da a Víctor en la cabeza. Marco intenta abrir la reja,

pero está cerrada. Comienza a trepar. Jaime vuelve amenazar a

Claudio con la pistola. (amenazas vacías) "Te apuesto que tampoco

me das." Claudio corre hacia la puerta. Jaime dispara sin parar.

La mayoría de balas no dan a nada, pero una da al tirante de la

maleta. La maleta cae al piso. Claudio sale por la puerta y Jaime

le persigue. Claudio corre hacia las rejas. Jaime le dispara desde

la mansión. En las rejas Claudio encuentra a Marco trepándose.

"Vamos, vamos." Claudio aprieta el botón para abrir la reja.

Mientras la reja se abre Marco salta. Los dos corren para el

carro. Entran. Marco enciende el carro y se deslizan por las

calles empapadas. Jaime traspasa corriendo las rejas. Apunta su

pistola. Es muy tarde. El carro con las justas se puede ver.

El Jaime regresa a la mansión. Se acerca a Ana. Le pregunta si

está bien. "Sí, ahora que ese viejo está muerto". Bicho entra

tosiendo sangre. Cae al piso. Jaime y Ana se aproximan. Bicho

admite su traición y les pide perdón. Jaime escondiendo la rabia

le perdona. "Lo logre, no puedo creer que lo logre." Muere. Se

escuchan sirenas a la distancia. Jaime anuncia que deberían irse.

Jaime coge el maletín y la escopeta. Se van.

En el carro de Claudio, Marco maneja, mientras Claudio observa que

a su brazo derecho le rozo una bala. No le da mucha importancia.

Marco, aun sin comprender, pregunta por lo ocurrido en la Mansión.

Claudio le cuenta sobre la alarma y la muerte de Víctor, dejando

afuera lo de los cables y el balazo a Bicho. Marco le pregunta

sobre Jaime. "Se llevó la mitad de la plata, pero no te preocupas,

sé cómo resolver eso." Coge su celular y llama a Jaime. Le propone

un reto: si quiere todo el dinero debe ir al bar, en una hora. Ahí

se decidieran las cosas. Jaime está de acuerdo. Ana intenta

convencerlo que ya tienen suficiente dinero. "No es mi plata, yo

me la robe. Además no pienso dejar a Claudio vivo." Ana le

pregunta cómo va matarlo si con las justas puede disparar. Jaime

le pide su ayuda. Él entra con la pistola, ella con la escopeta.

Ana acepta, pero con una promesa: no dañar a Marco. Jaime se lo

promete.

Claudio y Marco entran al bar. Prenden las luces. "Tendremos que

esperar," dice Claudio. Coge una guitara de detrás de la barra y

se sienta. Toca un par de notas. Las luces se apagan. Se prende un

nuevo set de luces focalizándose en Claudio. Ya no está en el Bar,

está en un escenario. Solo se ve a Claudio sentado en una silla

decaída. Canta una canción criolla. Al terminar, hay aplausos.

Grandes aplausos. Claudio inclina su cabeza. La pistola de Marco

sujetada en el aire cae. Da en la cara de Claudio, tumbándolo.

Marco patea a Claudio, demandándole el anti-veneno. Claudio se ríe

a carcajadas. Admite que lo de veneno era una mentira y se sigue

riendo. Marco está desconcertado por la noticia. Entran Jaime y

Ana. Los dos con armas en las manos. La confusión es clara en sus

rostros, al ver la situación. Jaime indaga. Marco explica todo.

Ana desorientada por la revelación, pregunta a Marco si hizo todo

para salvarla. Marco responde que sí. De pronto, Claudio se para,

coge a Marco de cuello y lo amenaza con la pistola. Hace una

confesión: no le gusta el dinero hizo todo por diversión. "La he

pasado de puta madre gracias a ustedes. Lástima que deba

quemarlos. Los voy a extrañar… bueno… menos a Marco." Jaime alza

su pistola. Claudio sonríe. "Solo porque te quiero te voy a

permitir un disparo." Ana, preocupada por Marco le pide que no

dispare. Jaime se concentra y dispara. Esta vez no falla. Claudio

cae muerto al piso. Marco con justas puede respirar. Ana va a él.

Los dos se reconcilian como si nada hubiera pasado. Jaime los

mira. De ahí mira la pistola de Marco, tirada en suelo.

Es casi de día. Jaime y Marco meten las maletas en la tranquera.

Adentro, también está el cuerpo de Claudio envuelto en bolsas de

basura. La cierran. Los tres se quedan parados sin decir nada. Ana

le susurra algo a Marco. Marco finge olvidarse de algo y se mete

al bar. Ana le admite la verdad a Jaime: ha vuelto con Marco, para

ella siempre estuvo con él. Jaime pretende entender y le da un

beso en la boca. Lo alarga. Ana sin querer, se lo devuelve. Marco

los observa desde el bar.

Llegó el amanecer. El carro de Claudio se desliza por la

carretera. Marco maneja en silencio. Jaime está de copiloto. Ana

duerme recostada en los asientos traseros. Una gota de sangre

resbala por su pierna desnuda. Una lengua la lame. La cámara se

reajusta para revelar la cara de Claudio, sonriente. Se enderece.

Se lame los labios. MMMM… MMMM… MMM… "Si yo fuera uno de ustedes,

no estaría tan tranquilo. ¡Van a dividir toda esa plata! ¡A mí, no

me gusta el dinero, pero a ustedes, les encanta! Y no hay nadie

tan tarado como Marco; se tiran a su flaca y hace las paces. Como

si nada. Jaime, tú tampoco te escapas, dejas que un bomboncito

como este se vaya con el pelele de Marco." Jaime mira a Marco de

reojo. "Si no se terminan baleando, en verdad, son un par de

maricas. Oe, Jaime, nunca te conté que maté a tu viejo." Las

carcajas de Claudio se escuchan por un kilómetro.

Otra vez al desierto frio. Otra vez cavan un hueco. Ha salido el

sol. Ilumina atreves de las nubes. Se ve por millas alrededor pero





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