Prometo Decir Toda La Verdad

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Status: Finished

Genre: Mystery and Crime

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Chapter1 (v.1) - Capítulo I

Chapter Content - ver.1

Submitted: May 16, 2017

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Chapter Content - ver.1

Submitted: May 16, 2017

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Prometo decir toda la verdad:

Mi nombre es Liam y tengo 26 años. Trabajo administrando la empresa de mi familia. Hace dos semanas conocí a Sammy, bueno: Samantha, en una fiesta del local The Loft en Los Ángeles. Desde que la vi supe que éramos el uno para el otro, era perfecta, apenas encontré el coraje para hablarle empezamos a salir. Oí en las noticias que está desaparecida, y lo creo porque hace mucho que no contesta mis mensajes, tenía la sensación de que algo extraño sucedía pero jamás imaginé esto. ¿Es verdad que sospechan su muerte? No puede ser. Ella está viva. Estoy seguro. Lo siento en mí. Quiero ayudar, haré todo lo posible por encontrarla.

Eso fue lo que dije cuando declaré en la policía esta tarde. Un día era el hombre más feliz del mundo y al siguiente sucede esto. Creí que estaba molesta conmigo y por esa razón no respondía, todo ese tiempo pudo haber estado en peligro y yo no hice nada.

Encender la televisión y ver su cara en las noticias me destrozó. Me tomó tan desprevenido que casi caigo al suelo. Sentí que si daba un solo paso mis piernas no responderían. 

Solo pude quedarme parado en el medio de la cocina viendo el televisor en la pared del fondo. Sin pensarlo dejé de respirar. No comprendía lo que sucedía. Era como ser el espectador de una película y no parte de la realidad.

Apenas pude recuperar un poco la razón decidí ir a la estación de policía y hablar con uno de los detectives asignados al caso, de este modo podría serles útil en su búsqueda, después de todo, era el más cercano a ella.

Al llegar al estacionamiento de la estación lo primero que observé fue un par de policías comiendo donas y tomando un café. Creí que eso era solo un cliché usado en Hollywood y no algo común, desde luego me dio mala espina.

Podía ver la holgazanería a través de los vidrios tintados de mi carro. Sin embargo, decidí darles una oportunidad. Tampoco tenía opción, debía averiguar todo lo posible.

Al entrar me dirigí a la recepción y pedí hablar con algún detective ligado al caso. El muchacho que se hallaba detrás del escritorio de la recepción no hizo ninguna pregunta, cosa que esperaba que hiciera, optó por pedirme que esperara un momento y salió de su puesto para adentrarse en la comisaría. Unos minutos después regresó y me indicó el camino hacia la oficina de la detective Hall.

Al entrar noté la pila de papeleo acumulada en su escritorio. Pensé que no era una persona muy ordenada y me pregunté si no perdería o mezclaría la información de los diferentes casos. Eso hizo que me preocupara todavía más. Siempre me ha costado confiar en la competencia de los demás. Detrás de las hojas y carpetas se encontraba una mujer de aproximadamente treinta y siete años de edad. Su piel era bronceada, tenía ojos marrones y una bonita sonrisa. Su morena melena era larga y sedosa como de publicidad de champú.

Era bastante atractiva. Quizás, en otras circunstancias, habría admirado más su físico, pero en ese momento me parecía detestable. Sammy estaba desaparecida y yo me entraba en la estación policial en la que se basaron para crear todos los estereotipos de policías conocidos.

La detective Hall se dirigió a mí en un tono amable pero serio, me indicó que tomara asiento e inició con el protocolo. Le expliqué todo lo que sabía. Me preguntó, como era de esperarse, si sabía algo sobre su paradero o si había tenido algún tipo de contacto con Samantha en las últimas horas, a lo que respondí: no. Prosiguió su cuestionario preguntando si tenía información relevante sobre la desaparición, y respondí que no. Dos respuestas negativas de mi parte bastaron para que la detective me interrumpiera, cambió el tono con el que me había recibido y casi en burla me dijo:

-¿Señor Belford para qué vino si no tiene ninguna información relevante?

-Para ayudar- respondí.

-Parece que tenemos definiciones diferentes de esa palabra. Si tanto le preocupa, y ya que no tiene información que sirva al caso, le voy a pedir que se retire para que pueda hacer mi trabajo. De cualquier forma aquí tiene mi tarjeta en caso de que se ponga en contacto con usted o que consiga alguna información relevante.

Así, sin más, me encontré en el pasillo y la puerta de madera con la placa que decía “Detective Annabelle Hall” cerrada a mi espalda.

Sentía la impotencia y malestar que suelen generar “esos”, los que no tienen la capacidad de resolver problemas y desprecian la ayuda de uno. Sabía que de haber estado en su lugar ya habría encontrado a la víctima y al culpable, indudablemente.

La señorita Hall no me había tomado en serio. Decidí volver a casa a reflexionar una manera de ser útil en la búsqueda. Entendí que debía ser yo quien tomara la iniciativa de localizarla, ya que si la detective encargada de hacerlo no tomó en cuenta a la persona más allegada a la víctima, es decir, a mí, entonces no podría esperar grandes cosas de ella.

Llegué al 1100 en South Hope Street, lugar donde vivo. Es un apartamento tipo Loft de unos 100 metros cuadrados, ubicado en el centro de Los Angeles. La verdad es que mi madre se había enfocado mucho en hacer de mi apartamento un lugar increíble; casi no tenía paredes, las pocas que tenía eran blancas y las columnas de madera. Las tonalidades me daban tranquilidad; el árbol seco junto a mi mesa era mi parte favorita. Pero esta vez, cuando entré tuve una sensación extraña, como cuando tienes un mal presagio.

Sin embargo, no pude materializar qué me hacía sentir así. Asumí que estaba cansado y decidí tomar una ducha e ir directo a la cama.

Después del baño, ya estaba acostado en mi cama, volteé y noté el portarretratos con la foto de Sammy. Se veía tan 6 hermosa que no pude más que contemplarla, por unos segundos sentí que nada era real y ella estaría a mi lado en cualquier momento.

Luego, la realidad golpeó de nuevo.

Todo en mi cuarto me recordaba a ella, su foto, el suéter verde que dejó la última vez que estuvo aquí, sus gordas revistas sobre mi mesa, el Bordeux 2012 aún seguía en la nevera y el cenicero de mi ventana guardaba todavía evidencia de su vicio. Hasta podía olfatear su perfume. La necesitaba. Debía encontrarla.

Pensé que lo mejor sería que durmiera y comenzara a diseñar un plan de acción por la mañana cuando pudiera razonar mejor, así que eso hice, pensando en Sammy, por supuesto.

Me encontraba sentado en el mismo banquito de siempre, frente al lugar de café favorito de Sammy, el Verve Coffee ubicado en el centro de Los Angeles. Solíamos encontrarnos ahí casi todos los días después del trabajo. Yo pedía café expresso mientras ella disfrutaba de un delicioso Latte. Era algo así como nuestra rutina, ambos llegábamos de un aburrido día de trabajo en esta sobrevalorada ciudad, y compartíamos las anécdotas de las insignificantes personas con las que habíamos tenido que lidiar. La espera se sintió muy larga aunque en realidad fue muy corta, tan solo unos pocos minutos. Por fin la vi, tan hermosa como siempre, vestida tan impecable; esta vez llevaba unos pantalones negros y una cómoda camisa de estampados floreados color púrpura; unos zapatos de plataforma patente hacían que resaltara su estilo; era imposible no verla. Tan perfecta. Casi corrí para llegar a su lado. Claro que tanta belleza no solo es notada por mí, advertí que no era el único hombre viéndola. Esos asquerosos buitres que la ven como si fuera cualquier mujer, un pedazo de carne que querían devorar; pero ella era mía. Debía protegerla.

Percibí su suave perfume y sus delicados brazos me rodearon al saludarme. Podía sentir su corazón latiendo junto al mío mientras nos abrazábamos. La miré a los ojos, tan preciosos que me perdí en ellos; coloqué mis manos sobre sus mejillas para acercar sus labios a los míos mientras sostenía mi mirada, y cuando estaba a punto de besarla, casi rozando sus carnosos labios, algo cambió, una horrible imagen me invadió. Desperté del susto, mi corazón latía con violencia, sentía las gotas de sudor en mi frente, estaba agitado y confundido. Quería volver al café con ella, en cambio, no podía olvidar esa imagen. ¡Fue tan rápido! Pero pude identificar el charco en mis pies.

Era sangre. 


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