Chapter 7:

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Status: Finished  |  Genre: Action and Adventure  |  House: Booksie Classic

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CAPITULO 7

El día siguiente lo pasamos haciendo conjeturas. Mientras Anne iba al mercado, nos quedamos en la casa charlando.
No íbamos a volver a la biblioteca, pero si habíamos encontrado esas cartas, tal vez habrían escondido más cosas de Genevieve. No sabíamos el motivo de la prohibición de la entrada a la habitación, y mucho menos el peligro que esos documentos podrían ejercer. Es más, si eran tan peligrosos ¿por qué no los habían quemado?
Ninguno quería volver a la biblioteca de noche, menos aún cuando el encargado (o quien quiera que hubiera estado en la biblioteca ayer por la noche como nosotros) hubiera estado tan cerca de habernos pillado.
Anne llegó mientras seguíamos charlando, se acercó al salón y nos comentó:
 
-¿Os habéis enterado de lo que pasó anoche en la biblioteca? – Preguntó. Inmediatamente todos prestamos atención.
-No.- Dije, esperando que lo soltara.
-¿Queréis saberlo? – Preguntó con esa forma tan irritante de poner nerviosa a la gente cuando estaba claro que queríamos saberlo.
-¡Sabes que sí, mamá! – Protestó Jacqueline.- Vamos, dilo.
-Entró alguien por la noche. Al parecer no se llevó nada, pero entraron en una habitación.
 
Los tres nos miramos nerviosos. No había sido una persona, sino tres; y sí se habían llevado algo.
 
-¿Sabes donde entraron? – Preguntó Jacqueline, sin aparentar mucho interés.
-No, en una habitación.
 
Anne perdió el interés por la conversación y se fue a la cocina a preparar la comida.
Los tres estábamos un poco preocupados. Al final, no habíamos sido tan cuidadosos.
 
-Pero si no echan en falta nada, tal vez las cartas no les importen.- Razonó Jack.
-Ten en cuenta que esos documentos eran “secretos”. Tal vez no dijeran nada porque nadie conocía su existencia, pero creo que ellos sí se han dado cuenta.- Replicó Jacqueline.
 
Bueno, en cualquier caso teníamos que hacer algo. O devolvíamos los documentos, o los escondíamos.
Después de ese “incidente” no pasó nada digno de mención. Jacqueline se fue a ayudar a colocar las cosas que le había dejado Amanda a la familia, y Jack y yo nos quedamos en el salón.
Nos pusimos a hablar del nuevo colegio, de cómo era, pero como ninguno había ido nunca la conversación se acabó pronto. No teníamos ganas de pensar de nuevo en las cartas, así que pasamos el rato en silencio, cada uno pensando en sus propias cosas.
Cuando Jacqueline volvió con nosotros parecía un poco ausente. No habló en un buen rato, y en ese tiempo Jack y yo nos dedicamos a mirar su expresión.
Después nos pidió las cartas:
 
-¿Me las dejas un momento?
 
Jack se las dio. Parecía que su hermana estaba pensando algo importante y no quería distraerla.
Salió de la habitación, aún con las cartas en la mano. Volvió con una cadena de plata, con un colgante en forma de lágrima, de los que se abren. Parecía un poco desgastado, pero aún así era muy bonito.
Jack y yo nos acercamos.
 
-¿Qué es eso? – Pregunté.
-Veréis.- Abrió el colgante, donde se podía percibir una parte de una fotografía... o un número.
-¿Qué pone exactamente? – Preguntó Jack, acercándose a mirar mejor la foto.
-No pone nada.- Contestó Jacqueline.- Más bien diría yo que es un número.
 
Un número. No entendía que relación podía tener, hasta que me di cuenta y empecé a atar cabos. Bueno, tan solo até uno, porque lo demás seguía sin tener mucha relación para mí.
 
-Cinco.- Se lo decía a Jacqueline.- ¿Cinco años, verdad?
 
Jacqueline asintió.
 
-Perdonad, ¿Qué? – Preguntó Jack. Evidentemente no se enteraba de nada.
-El Conde le regaló este colgante a Genevieve, después de que ella le dijera que mejor que no se vean nunca más. Simbolizaba sus 5 años juntos.
-¿De dónde os habéis sacado eso? – Siguió Jack.- ¿De dónde ha salido este colgante?
-En realidad.- explicó Jacqueline.- Creo que Amanda nos lo dejó a nosotros. Mirad.
 
Señaló un grabado que había en la parte de detrás de la lagrima. “G”, podía leerse, perfectamente.
 
-¿G de Genevieve? – Preguntó Jack.
-Exacto.- Corroboró Jacqueline con una sonrisa.
-¿Y por qué lo tenía Amanda?
 
Jacqueline se quedó en silencio. Parecía que estaba pensando, pero para mí era evidente. ¿Cómo no nos habíamos dado cuenta antes? Era tan sencillo... Incluso ahora me sorprendía que Jacqueline, que había conseguido averiguar lo del colgante, se le hubiera escapado este detalle tan sencillo...
Me imaginé la situación. Era una casa bastante grande, como una mansión, pero bastante dejada. El jardín estaba igual que ahora, pero en vez de macetas, las flores estaban plantadas directamente en la tierra. Un gran árbol que no había ahora se mecía lentamente por el viento.
Era la casa de Anne trescientos años antes.
Una anciana estaba asomada al patio. Parecía preocupada. Se volvió y dijo algo que no comprendí, porque estaba un poco lejos.
Entonces salió una mujer joven, muy guapa, con el pelo castaño claro recogido en una larga trenza que le llevaba por la mitad de la espalda. Vestía un vestido muy bonito, que parecía caro. Entonces me fijé en el bebé que sostenía. Era una niña, de apenas un año.
La anciana y la mujer entraron en la casa.
 
De repente estaba dentro de aquella réplica de la casa de Anne, pero los muebles eran un poco más sencillos.
La mujer dejó al bebé en la cuna. Con gesto preocupado, se dirigió a la anciana.
 
-Heather, ¿cuánto tiempo crees que tardarán en llegar?
-Menos de un mes, Genevieve. Acabarán con la niña, eso se lo aseguro.
 
A pesar de la diferencia social, se trataban con familiaridad. La mujer se volvió hacia la cuna y sonrió a su bebé. Volvió a hablar, esta vez con voz fría.
 
-Huiremos. No puedo permitir que le hagan daño.
-Pero, señora, tan solo es un bebé. No podrá resistir mucho tiempo. Casi es invierno, y alrededor de esta zona no hay ningún pueblo.
-Pero en Galèo de la Ròse tengo amigos. Ellos me ocultarán.
-Revisaran todas las casas.
-¡¿Qué puedo hacer entonces?! – Exclamó Genevieve.- Heather, Sheridan no va a morir hoy, ni dentro de un mes.
 
La anciana se quedó observando a Genevieve. Se acercó y la abrazó.
 
-Mañana vendrá un carro temprano a las cinco de la mañana. Tome provisiones y salga con la niña.
 
Genevieve se apartó entonces. Estaba llorando.
 
-Pero ese carro viene a recogerla a usted. No puede quedarse aquí, la matarán. Todo aquel que me ayude está condenado.
-Genevieve, ya he vivido bastante.
 
La anciana le sonrió, y Genevieve le devolvió la sonrisa. Cogió a Sheridan de la cuna y le susurró:
 
-Somos muy afortunadas de que Heather se preocupe por nosotras.
 
 
Ahora me encontraba en el mismo sitio que hacía unos instantes, pero sin saber muy bien por qué, tenía claro que eran las cinco de la mañana del día siguiente. Genevieve iba vestida con un vestido sencillo, y una capa que le tapaba el pelo y le ocultaba la cara.
Miró a ambos lados de la habitación, y tras comprobar que no había nadie, retiró el espejo y metió un papelito.
Después subió al piso de arriba y bajó minutos después con Sheridan envuelta en una manta marrón. Estaba dormida. Salió a la calle, pero Heather Penterwainne la retuvo.
 
-Se deja esto.- Dijo, tendiéndole un collar.
 
Era el mismo que Jacqueline me había enseñado hace unos cuantos minutos. Una lágrima de plata, con la letra “G” grabada. Genevieve lo miró, lo besó y se lo dio a Heather.
 
-Quiero que lo tengas tú. Cuídalo y no te olvides nunca de nosotras.
 
Volví a la realidad un poco confundida. Mis primos no me miraban, solo tenían ojos para el collar que aún sostenía Jacqueline.
 
-¿Y por qué lo tenía Amanda? – Repitió Jack.
-Porque Genevieve se lo dejó a Heather Penterwainne. – Les respondí.
 
Los dos se me quedaron mirando. Entonces les expliqué el extraño “viaje en el tiempo” que acababa de presenciar.
 
-¿Pero qué significa G.D? – Preguntó Jack.
-Creo... Creo que Genevieve Descoèrs.- Respondí.
-Pero según nos has contado... Genevieve le dejó el collar a Heather Penterwainne. – Preguntó Jacqueline.- ¿Cómo podía tenerlo una descendiente directa de Genevieve?
 
Eso no lo sabía. Lo único que podía hacer eran conclusiones. Aunque intenté que todo encajara.
 
-Supongo que Sheridan volvió a su pueblo natal, para buscar a Heather. No sé si se la encontró pero halló la lágrima que su madre le había dejado. Y supongo que habrá pasado de generaciones en generaciones a la familia.
-Eso tiene sentido.- Finalmente, Jack parecía convencido.
 
Pero aún había algo que no encajaba. ¿Los golpes? Eso era lo único que no tenía sentido.
Pero decidí dejarlo para el día siguiente: Ya habían sido suficientes revelaciones por hoy.
 
 
 CONTINUARÁ...


Submitted: August 25, 2010

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