Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 17 (v.1) - Capítulo 3: Miedo - Reencuentro inevitable - Parte 3

Submitted: June 01, 2016

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Submitted: June 01, 2016

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Capítulo 3:
Miedo
Reencuentro Inevitable

Parte 3

  • ¡Ya volví!

Shimizu hizo el habitual saludo cuando llegas a casa, mientras cambiaba sus zapatos de escuela por unas pantuflas plomas, con la suela y un bordado en forma de mariposa de color rosado.

  • Con permiso.

Entré haciendo lo mismo, usando unas simples pantuflas color azul marino para invitados.

Yo ya había explorado la casa un par de veces, cuando aún estaba abandonada, pero al entrar vi que la casa era tal como la recordaba, pues parecía no haber hecho muchos cambios. Para resumirlo, era también de estilo japonés tradicional, pero casi sin ninguna decoración.

  • ¿Tu familia? – Le pregunté de repente, extrañado de que no había aparecido nadie.
  • ¿Eh? – Sonó como si hubiera despertado de un pequeño sueño, pero se calmó lo suficiente para responderme. – O-oh sí, mi mamá está trabajando en este momento y mi abuela debe de estar durmiendo.
  • Ya veo.

No pregunté más, no creí necesitar hacerlo.

Me llevó por el pasillo, hasta llegar al corredor exterior. Ahí vi que el jardín había sido restaurado. Los setos que en un principio eran redondos ahora si lo eran, al igual que podaron algunos arces y en especial al enorme pino negro japonés que se encontraba cerca del pequeño estanque, el cual estaba rodeado de piedras decorativas recubiertas con musgo. Había un camino de piedras que cruzaban el jardín y subían hasta adentrarse y perderse en el bosque.

Para resumirlo, su jardín era el centro de toda la casa, pero éste tenía una conexión directa con el bosque. Cabe decir que hay un muro mucho más adelante.

Giramos a la izquierda, aun en el corredor exterior, y pasamos por varias habitaciones hasta llegar a una habitación ya abierta, la cual parecía ser un salón de té, con una mesa baja hecha de madera y con dos pares de cojines plomos en sus costados. En una pared había una pintura tras un florero, y al costado un estante con algunas cerámicas.

  • Espera aquí, ahora vuelvo.
  • De acuerdo.

Asentí ante su petición y después de dejar su maletín a un costado de la mesa salió de la habitación. Entonces observé con más entusiasmo el lugar. Se podía ver claramente el corredor por donde pasamos, pero el jardín nuevamente robo mi curiosidad, y me quedé así, viéndolo mientras mis pensamientos se perdían quien sabe dónde.

Y sin darme cuenta de cuánto tiempo estuve así, Shimizu volvió con una bandeja en sus manos; dentro tenía una jarra de vidrio lleno de jugo amarillo claro algo viscoso, un par de vasos y unas galletas con chispas de chocolate. Pero lo que más resaltaba, era que ella ya se había cambiado de ropa, reemplazando su camisa y chompa por una bonita blusa blanca con algunos adornos de colores, y un decorado y rosado mandil con algunos volantes. Es más, también había cambiado su estilo de peinado. Ahora llevaba un lindo moño rosa, pero este lo llevaba más alto, formando una coleta perfecta.

  • Estas galletas las preparó mi abuela, disfrútalas.
  • Ok… Bueno, Shimizu, ese mandil te queda muy bien.

Mientras ponía la bandeja sobre la mesa, ella se comportaba bastante cordial y encantadora, y sumando su ropa, no podía apartar mi mirada de ella. Pero con mi curiosidad, y con un poco de incomodidad la alagué por el mandil.

  • ¡Oh! ¡Lo siento! Olvidé quitármelo.

Y dándome a saber que no era su intención mostrarme esta bonita vista, con su cara enrojecida y cierto nerviosismo, se quitó la prenda, la dobló delicadamente y la puso a un lado de la mesa. Mientras tanto cogí unas de las galletas. Debo decir que era mi forma de evadir mirarla de frente, pues verla con solo la blusa era demasiado tentador.

  • Gracias. ¡Mm! Rico.

No pude evitar alagarlas. Bueno, aunque me gustan un poco las cosas dulces, no puedo soportarlas mucho, pero estas galletas tenían el punto perfecto de azúcar. Era tal que parecían nostálgicas.

Ella se sentó a mi costado, obvio que con la debida distancia entre un chico y una chica deben tener, mientras agradecía el alago con una cordial sonrisa.

  • Es verdad, mi abuela tiene un toque único y es muy difícil de imitar. Aún no me salen igual, pero si sigo practicando estoy segura que lograré hacerlas tan deliciosas como las hace ella.

Ella me demostró su determinación levantando su pequeño puño. Era tan encantadora, que no pude evitar sonreír y alentarla.

  • Entonces… déjame ser el primero en juzgarlas.

Se volvió a mí un poco sorprendida. Pero al instante siguiente, su rostro se volvió totalmente rojo mientras desviaba su rostro para abajo formando una tímida sonrisa.

  • Cu-cuento contigo…

Ah… se puso nerviosa… Vaya, tendré que ser más cuidadoso con mis palabras.

Bueno, para poder tranquilizarse un poco, ella empezó a comer una de las galletas con timidez, y de alguna forma éstas parecían tener la habilidad de poder renovarla, pues después de comerla, ella se volvió a mí con todo su entusiasmo.

  • ¿Empezamos, Shion-kun?
  • De acuerdo.

Ni bien asentí con una sonrisa, sacamos nuestras cosas y empezamos con la tutoría.

 

***

 

  • Eres increíble Shion-kun, lo captaste bastante rápido.
  • Bueno, siempre he sido bueno para aprender cualquier cosa, claro, si le doy la atención necesaria.

Ya habían pasado alrededor de dos horas, poco más, poco menos. Bueno, aunque fueron casi dos semanas de ausencia, no hubo cambios significativos para mí. Con solo ponerme al día con los conceptos me fue suficiente. En cuanto a los deberes, ese si era un problema, perdí bastantes notas, aunque había otras, de las cuales aún no se terminaba el plazo de presentación. No eran muchas pero eran bastante extensas.

Haré los que pueda. – Pensé así, pero al final no era tan grave, en ésta escuela, ponen más prioridad a las notas de tus exámenes que al resto.

  • Pero me sorprendes Shimizu.
  • ¿Por qué? – Preguntó de una manera inocente, pero a la vez calmada.
  • ¿Cómo es que puedes llevarte tan bien con Literatura Clásica?
  • Ah. – Sonrió entendiendo perfectamente a lo que me refería. – Es que realmente me gusta ese curso.
  • ¿De veras? Para mí es realmente agotador, y estoy seguro que más del 90% de la clase opina lo mismo que yo.
  • Fufufu – Sonrió con complicidad. – Sí, es cierto que muchos no lo encuentran interesante porque es complicada, pero una vez entiendes el contexto, empiezas a disfrutarlo y las historias se te hacen bastante divertidas de leer. Deberías de intentarlo de esa manera Shion-kun.
  • Mm… nunca lo vi de esa manera, y eso que soy de los que les gusta leer.
  • Cierto… recuerdo verte leer algunas novelas similares, ¿por qué también tienes ese problema? – Preguntó con una encantadora sonrisa, pero al momento siguiente parecía haberse acordado de algo. – Ahora que nos tomamos ese tema, se me olvidaba decirte que tenemos una tarea especial.
  • ¿Hay más? – Me quejé. – No, ya no quiero más.

Apoyé mi cabeza contra la mesa con total desgano, sobre mis brazos. Para explicarlo mejor, aunque no tengo problemas con los deberes, hacerlos es agotador.  Por ello nunca los acumulo, ni bien los dejan, los hago para estar tranquilo.

  • Jeje, Shion-kun, pareces un niño.
  • ¿Eh? ¿De verdad?
  • Si, esta es la primera vez que te veo quejarte de esa manera.
  • Oh, ya veo.

No podía negarlo. Es más, era similar a lo sucedido esta mañana con Tachibana y Shimizu mientras íbamos al instituto. Sin embargo, estas reacciones no eran nada comparado con lo sucedido con la presidenta. Bueno, mientras iba sumergido en esos pensamientos, tal vez como tratando de buscar una razón para mis cambios, ella me preguntó:

  • Dime Shion-kun, ¿acaso te pasó algo durante estos días?
  • Mm, bueno, sin contar el bullying que sufrí ayer, nada fuera de lo común. – Dije sin separarme de la mesa.
  • Fufufufu, perdón por lo sucedido Shion-kun, pero tú nos obligaste. – Rio durante un momento. – Pero aun así no creo que fue eso. ¿Me estás escondiendo algo, verdad?

Sin embargo, ella no era alguien a quien pueda engañar así de fácil. Influencias de Tachibana supongo. Bueno, no es que quiera cerrarme, pero simplemente había cosas que no podía decir y esta es obviamente una de ellas. Pero supuse que debía ser un poco más sincero.

  • Supongo que no puedo ocultarte todo. – Hablé después de suspirar – No lo tomes a pecho, pero no puedo decírtelo.
  • Pero-

Ella no parecía querer aceptar mis palabras, así que levanté mi cabeza, sentándome debidamente.

  • No es que no confíe en ti. Es más, pienso que eres una gran amiga  y sé que puedo confiar en ti, por eso te aseguro que en un futuro te lo contaré.

La miré directo a los ojos, y aún con mis lentes puestos, sentí que nuestras miradas se conectaron.

  • Solo quiero que seas paciente ¿de acuerdo?
  • …Sí.

Mientras hablaba, ella tenía una mirada triste impregnada en su pequeño rostro, pero al terminar de poner mis pensamientos en palabras, su expresión ya era más serena, mostrándome una recompuesta y suave sonrisa.

Momentos como estos eran realmente extraños para mí. ¿Pero qué puedo decir? Sinceramente, me sentía realmente cómodo, tranquilo a su lado. Tanto que quisiera-

*Meow*

Antes de perderme nuevamente en mi mundo, de la nada, un gato salió entre nosotros. En realidad, el gato ya estaba apegado a mí, mientras ronroneaba cariñosamente.

  • Hikari…

Era un enorme gato totalmente blanco. Por el grosor de su maullido supuse que era algo viejo, pero era contrario a su forma muy vivaz de mostrar cariño.

Subió sus patas delanteras en mi pierna y volvió a maullar como pidiendo algo. Instintivamente froté su cabeza, rascándole en la parte de atrás de su oreja. A lo que el gato se apegaba más a mi mano, mientras ronroneaba y cerraba sus ojos.

  • Shion-kun…
  • ¿Sí?
  • ¿Cómo es que sabes su nombre?
  • ¿Huh? ¿Su nombre? ¿Lo dije?
  • Sí. También… ¿Por qué se encariño contigo…? ¿Tan rápido?

Ella miraba al gato con curiosidad mientras se acercaba un poco a mí.

  • ¿A qué te refieres?

Dejé de rascarle la oreja, pero él se apegó más a mi mano pidiendo más.

  • A él no le gusta acercarse a extraños. Incluso si alguien intenta acercársele, él inmediatamente los araña, pero aun así, Shion…

Ahora yo era el que menos entendía, pero como no parecía mostrar mi duda ella continuó:

  • A mí me costó un mes para que me acepte, ¿acariciarle sus orejas siempre fue el truco? – Ella se quejó con un pequeño puchero.
  • Un mes, vaya. ¿Pero qué quieres que te diga? El solo se me acercó.
  • Pero… – Antes de decir más, ella parecía haberse dado cuenta de algo. – Si Hikari está aquí… eso significa…

*Desliza*

Al momento siguiente, abrieron la puerta en un solo movimiento.


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