Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 18 (v.1) - Capítulo 3: Miedo - Reencuentro inevitable - Parte 4

Submitted: June 04, 2016

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Submitted: June 04, 2016

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Capítulo 3:
Miedo
Reencuentro Inevitable

Parte 4

Una señora de avanzada edad apareció detrás de la puerta.

Era un poco más bajita que Shimizu. Llevaba una yukata simple, y su largo cabello blanco estaba recogido perfectamente, y con su expresión seria dio un paso adelante.

  • ¿Qué pasa aquí?

¿Por qué pregunta eso? Es claro que solo estamos…

Estaba leyendo sus acciones y decidiendo cómo actuar, por eso me extraño su pregunta, pero cuando vi y olí el agradable olor del cabello de Shimizu tan cerca, recién me di cuenta que ella estaba sentada junto a mi costado, prácticamente y por no decir, totalmente juntos.

  • ¿Aika-chan, haz…?

Pero había algo más, pues la señora también parecía sorprendida. Fue entonces que Shimizu se dio cuenta y rápidamente se apartó para levantarse y acercarse a quien sin duda era su abuela. De igual manera, me levanté.

  • Obaa-sama, e-e-él es un amigo de la escuela.
  • ¡S-shion Alexander, gusto en conocerla, lamento la intromisión!

Decidí presentarme con una enorme reverencia y nerviosismo, pues recordé que me había olvidado presentarme, y mi reacción tardía era una clara ofensa.

Debo ser lo más cordialmente posible – Eso vino a mi mente apenas miré su rostro serio.

  • Vino para poder estudiar, ahora-
  • ¡…! ¿K-keita….?

¿Eh?

Pero mientras Shimizu trataba de explicar el motivo de mi visita, su abuela dijo un nombre que no pensé escuchar otra vez y mucho menos en éste lugar. Así que levanté mi cabeza.

La expresión de la señora había cambiado completamente. Parecía asombrada, esperanzada, como si tratara de reconocer a alguien.

  • ¿Eres tú…Keita?
  • ¿Obaa-sama? No, él-
  • ¿Nii…obaa-san?
  • ¿Qué? – Shimizu me miró con extrañeza, intrigada.
  • En serio eres tú… mi pequeño problemático.

Pero a diferencia de ella, su abuela me habló con más naturalidad y ternura. Su voz parecía la de una madre que se reencontraba con su hijo, quien había vuelto después de mucho tiempo. Un poco más y podría llorar, o eso esperaba al verla actuar así.

  • … – Pero yo, ante sus palabras, no podía decir más.
  • Vamos, quítate esos lentes, que así no te puedo reconocer bien.

Tal vez tenía muchos años, pero ella hablaba con bastante fluidez. Y ante su petición hice caso sin poner excusa alguna.

  • Eres tú. – Me dijo con cariño – Pero mira cuanto has crecido.
  • Ni-obaa-san, yo-
  • Espera Keita, siéntate que esta es tu casa.

Volví a hacerle caso con la mayor normalidad posible.

  • Vamos, Aika-chan, tráeme las galletas que están sobre la mesa de la cocina.
  • Ah, ya traje los últimos que habían.
  • Ya veo, entonces tráeme unas tajadas de mango de la refrigeradora, es su fruta favorita. – Le dijo como si le contara algo bonito a su nieta.
  • Oh, voy de inmediato.

Shimizu asintió y fue por el encargo, no sin antes llevarse su mandil.

  • Mm…Ni-obaa-san.

Ni bien Shimizu desapareció por la puerta, intenté comenzar la conversación. Pero ella solo me miró por un segundo y se sentó delante de mí.

  • Ha pasado mucho tiempo. – Me miró de arriba abajo – Pero mira, ya pareces todo un hombrecito. Dime, ¿Cuándo has vuelto? ¿Por qué no me visitaste cuanto antes?
  • Esto... Ni-obaa-san, lo siento pero yo…
  • Mi pequeño Keita, ¿por qué hablas con tanta formalidad? Te comportas como si fuese la primera vez que me vez.

Ella sonrió, y eso medio una idea más clara de cómo podía actuar.

  • … Lo siento Ni-obaa-san, pero…

Pero ella ya iba a su ritmo y no tuve más remedio que tomar una decisión rápida, así que puse mi mano sobre mi nuca, y le mostré una sonrisa torpe y traviesa.

  • …ya pasó tanto tiempo que se siente extraño hablarte normalmente.

Empecé a hablar de una manera más amistosa, como si cada palabra fuera algo gracioso.

  • Tranquilo Keita y respóndeme, ¿cuándo has vuelto?
  • Hace unos meses ya.
  • ¿Meses? ¿Y por qué no me has contactado? – Se puso un poco molesta.
  • Es que no sabía cómo hacerlo, cuando mis padres intentaron contactarle se dieron con la sorpresa que se había mudado.
  • Es verdad. – Sonrió. – Pero ustedes también dejaron de comunicarse.
  • Lo sé, es que con los constantes viajes de mis padres y mis estudios, cada vez se nos hizo más difícil. Pensé en saludarle antes, pero la casa estaba vacía, y cuando me enteré que Shimizu vivía aquí, pensé que lo habían vendido. No pensé que era su nieta.
  • Es verdad, solo ha pasado semanas desde que volví a esta casa. – Ella asintió un par de veces. – Pero, ¿no podías preguntar?
  • Jajajaja. Lo siento, pero estas semanas también he estado ocupado y nunca se me ocurrió preguntar.

Mientras terminaba de decir eso, Shimizu entró nuevamente en la habitación.

  • Aquí esta Obaa-sama.

Puso en encargo sobre la mesa y se sentó a un costado de la mesa, en medio de nosotros.

  • Vamos mi pequeño, sírvete.
  • Gracias. Aún se acuerda de mis gustos, ¿no es así?

Nuevamente hice casos a sus palabras agradeciéndole de manera amigable y cogí uno de los pedazos perfectamente cortados.

  • Claro, como no me acordaría – Me sonrió un poco más.
  • Obaa-sama…

Entonces, Shimizu intentó ingresar en la conversación, tímidamente. Supuse que estaba demasiado confundida con lo que estaba pasando.

  • ¿Ustedes se conocían?
  • Oh, esto no te había contado antes, Aika-chan. Poco después de que tu abuelo muriera, conocí a un pequeño diablillo – Me miró con cariño –, que nunca dejaba de molestarme, él y sus amigos que traía aquí.
  • Vamos, Ni-obaa-san, no es para tanto.

Me quejé con una sonrisa, pero eso hizo que ambas me vieran por un segundo, antes de volver a conversar.

  • Pero es la verdad, eras demasiado escurridizo. Me dabas varios dolores de cabeza, ni siquiera podía deprimirme por la muerte de mi esposo contigo a mi lado. – Terminó de decir con una fingida molestia.

¿Huh? …siento haber disfrutado de esa actitud antes.

Para explicarlo un poco, algunas veces siento reconocer algunas emociones, pero hasta ahí es donde llego, nunca logro ver más allá de eso, mucho menos recordar algo.

  • Jajajaja. – Empecé a reír un poco – No puedo negarlo, pero estoy seguro de haberme rehabilitado durante este tiempo Ni-obaa-san.
  • Sí, lo noté.

Por un momento sentí como la expresión de esa señora con tantos años de experiencia, cambió a una de soledad, pero que desapareció casi al instante, para seguir hablando.

  • Así que eres compañero de mi Aika-chan
  • Sí, soy su amigo, pero como dije, nunca me imaginé que era su nieta. – Cogí otro pedazo de fruta.
  • Es bueno escuchar eso… Sí, es realmente bueno que te hayas vuelto su amigo, Keita. – Parecía agradecerme de algo. – No esperaba menos de ti, ¿pero como es que te hiciste su amigo?
  • Bueno, nos conocimos antes de que Shimizu se integrara a mi clase. Estaba durmiendo en mi árbol favorito y ella se acercó a saludarme.
  • ¿Ella se acercó? – Lucía sorprendida.
  • ¿Es raro?
  • Mm…

Ahora parecía dudar y dio una mirada a Shimizu. Guiado por sus ojos, hice lo mismo. Shimizu estaba cabizbaja pero lejos de verla avergonzada, más parecía nerviosa y triste.

  • ¿No te dije que era muy tímida? – La voz de Ni-obaa-san me hizo volverme a ella. – Seguro lo sabes, pero ella estuvo estudiando en un colegio para señoritas y no está acostumbrada a los chicos.
  • Ya veo… así que es por eso. – Era razonable, pero la actitud de Shimizu me hizo dudar de eso. – Aunque es la primera vez que escucho de su escuela anterior.
  • ¿Oh? ¿En serio? Si se conocen desde que ella ingresó.
  • Jajaja… Bueno, al principio ella no me reconoció por mis lentes y no creí necesario acercarme a ella pues ya tenía una amiga.
  • …De seguro hablas de Yuki-chan. – Por un momento sentí que me analizaba.
  • Si, de ella misma.
  • ¿Pero lentes? ¿Un chiquillo con tan buena vista ahora utiliza lentes? No es buena señal, Keita. ¿Acaso eres de esos chicos que siempre están frente a esas máquinas?
  • No, es por…
  • Disculpen si interrumpo. – En algún momento, Shimizu dejó de mirar para abajo. – Pero Shion-kun, me estaba preguntando, ¿Por qué Obaa-sama te llama “Keita”?
  • ¿Por qué…? Pero si es mi nombre. – A pesar de sus palabras con obvio fundamento, yo le hablé de una manera, como si me estuviera preguntado algo que cualquiera sabría.
  • ¿Tu nombre?
  • ¡Ah…! No te había contado, mi error, disculpa Shimizu – Mostré una sincera sonrisa – ¿Cómo te lo digo?… – Miré hacia arriba por un segundo antes de  continuar – Verás, a pesar de que nací en este país, por mi doble nacionalidad también tengo un nombre completo. Es “Alexander Keita Shion Moreira”.
  • Ah~, así que por eso te llama así, pero… – Shimizu parecía algo feliz al enterarse de algo nuevo, pero al momento siguiente se acercó más a mí, mostrando unos ojos inquisitivos – ¿Por qué nunca nos lo contaste?
  • Lo siento, pero ustedes nunca me preguntaron algo por el estilo y no me esperaba usar mi segundo nombre aquí, así que… – Respondí con una sonrisa torpe, pero en definitiva esa era la verdad.
  • Humm~

Se enojó un poco, poniendo un pequeño puchero.

  • ¡Oh~! Ya son muy unidos al parecer. –

Nuestra conversación hizo que Ni-obaa-san hablara con alegría. Shimizu reaccionó de inmediato y volvió a su posición habitual, juntando la punta de sus dedos a modo de juego. – ¿D-d-de verdad? – Y no podía evitar hablar con timidez.

  • Está claro mi pequeña. Pero ¿por qué siguen llamándose por el apellido?
  • Cierto, ahora que lo menciona, tal vez ya podamos llamarnos por nuestros nombres. – Apoyé sus palabras volviendo mi mirada a Shimizu.
  • ¿Eh? – Ella se alteró al instante, totalmente avergonzada. – Eso…
  • Tranquila, si crees que aún es muy repentino, no te forzaré. – Le mostré una pequeña sonrisa.
  • … – Ella ya no pudo responder.
  • Lo ves, ella es muy tímida para ciertas cosas, pero cuando decide algo puede ser muy terca y atrevida. Espero que puedas cuidar de ella.
  • Lo sé, de eso no se preocupe.
  • Pero no exageres ah. ¿Quién sabe que me dirá Mari si te ve así? – Soltó una pequeña sonrisa traviesa.
  • ¿Huh?
  • Pero hablando de ella, ¿Dónde está? – Y me preguntó con más expectativa y alegría.
  • ¿Mari? – Shimizu que estaba jugando con sus dedos, miró a su abuela repitiendo lo que dijo.
  • ¿Qué pasa Keita? ¿Por qué te callas tan repentinamente?
  • Eh, este…

Eso me había  tomado por sorpresa, pero a la vez me puso en una encrucijada.

¿Mari? ¿De quién está hablando? No recuerdo que me hayan mencionado aquel nombre. Pero…

  • ¿Keita? ¿Qué te pasa? – Su voz denotaba preocupación y un ligero susto, pero yo ya no podía responder.

¿Pero por qué…? ¿Por qué siento esta presión en mi pecho…?

No recordaba haber escuchado ese nombre antes, pero aun así no podía calmarme.

  • ¿Shion-kun? – La voz de Shimizu también denotaba preocupación.

Hasta el momento podía seguirle el ritmo de la conversación gracias a lo que me habían contado mis padres, pero repentinamente, ella trajo una pregunta que no solo no sabía cómo responder, sino que de alguna manera, me estremecí al escuchar ese nombre.

Me levanté con la cabeza baja, haciendo que me mirasen aún más preocupadas y extrañadas por mi repentino cambio.

  • …lo siento, Ni-obaa-san, Shimizu, pero me tengo que ir.
  • ¿Qué sucede Keita? ¿No te sientes bien?
  • Sí… creo que debería irme a casa.
  • Si es así, quédate aquí. – Shimizu se acercó un poco más.
  • Lo siento, pero tengo que cuidar de un amigo que vive conmigo, por eso, Ni-obaa-san discúlpeme por irme tan repentinamente.

Ya no podía actuar, por eso mis últimas palabras fueron con una reverencia y como si estuviera hablando con alguien que recién conocía, pero sin mostrarles mi rostro.

Mis palabras sonaban ambiguas, sombrías, sin vida. Pero era lo más que podía hacer para actuar.

Me incliné y guardé mis cosas rápidamente y caminé en dirección a la puerta.

  • ¡Y-yo te acompaño! – Shimizu se ofreció a despedirme.

No sabía qué expresión estaba poniendo Ni-obaa-san en este momento, pero no podía enfrentarla, no ahora.

Ya en la puerta intenté despedirme de Shimizu sin decir más.

  • Entonces, hasta mañana.
  • Espera, Shion-kun.

Pero ella me detuvo sujetándose de mi chompa.

  • ¿Qué pasó…?

Pero a pesar de sentir su tierna, preocupada y triste voz, no volteé.

  • ¿Por qué de repente empezaste a actuar así?

Aun si sus palabras cada vez sonaban más dolorosas, no lo hice.

  • No es nada.
  • Pero… ¿no confías en mí?
  • Ya te lo dije antes… Hay cosas que no puedo decirlas y ésta-
  • ¡Lo sé! – Su casi grito me estremeció por un momento, no por ser la primera vez en hacerlo frente a mí, sino por lo débil y triste que se sentía su voz. – Lo sé… pero aun así… Quiero saber que te puso así. ¿Quién es “Mari”? ¿Por qué te causó esto?

La respuesta es simple…

  • No puedo…
  • ¿Por qué?

¿Acaso necesito decírtelo…?

  • No puedo…
  • ¿Por qué no?

¿Acaso es necesario decirte todo?

  • No puedo.
  • ¿Por qué no puedes?
  • ¡Porque no puedo recordar! ¡¿Contenta?! ¡Yo, no, puedo recordar nada!

Mi grito la obligó a soltarme y retroceder un par de pasos. No quise gritarle pero su insistencia desbordó mi confusión y me fui obligado. Pero eso no era suficiente para ella, quien intentó una vez más, hablarme.

  • ¿Shion…kun?
  • Lo siento, pero quiero pensar en algunas cosas.

Pero yo no tenía ganas de seguir aquí, así que me alejé sin volverme a ella ni una sola vez. Y ella que quiso intentar volver a coger mi ropa, se detuvo a medio camino. Ya debía entender que no lograría nada.

Y así, me alejé…

De esa casa…

De Ni-obaa-san…

De Shimizu….

De aquel nombre…


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