Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 20 (v.1) - Capítulo 4: Recuerdos - Pasado x Presente - Parte 2

Submitted: June 11, 2016

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Submitted: June 11, 2016

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Capítulo 4:
Recuerdos
Pasado x Presente

Parte 2

Cuando desperté en aquel hospital, apenas podía mover los ojos y mi cuerpo no respondía a voluntad.

Era extraño.

Sentía haber despertado de un largo y complicado sueño, pero mi cuerpo me decía otra cosa.

El hecho de haber sufrido un accidente.

El hecho de haber despertado de un coma de cuatro meses.

El hecho de que era alguien…

Tales cosas… me eran desconocidas.

En aquel momento, ese enorme y frio techo blanco, tan blanco como mí ser, era todo mi mundo.

No mucho después, pude mover la cabeza y visualizar mejor dónde y cómo me encontraba. Unos largos y delgados tubos, todos unidos a mi cuerpo, me enlazaban a una máquina muy común de ver en películas para pacientes que están en un estado crítico. No me quité los tubos, no quise hacerlo, pero eso no me impidió poder sentarme.

La habitación de un hospital. – Lo reconocí como tal, pero… solo eso.

No tenía idea de quién era y de porque estaba en un lugar como ese. Pero aun así… solo era eso. No me sentí aturdido ni mucho menos entré en desesperación. Solo me limité a analizar la habitación y seguir analizándome a mí.

Todo pasó durante la madrugada, por lo que los doctores tardaron en reaccionar y cuando finalmente aparecieron, ya eran alrededor de las cuatro. Para entonces, ya me había sentado cómodamente y recuperado la movilidad total de mi cuerpo, pero no había intentado bajarme de la camilla. Me hicieron preguntas sobre como sentía y qué recordaba sobre mi accidente. Les dije la verdad, provocando que me mirasen extrañados y resignados, y empezaran a hablar entre ellos.

No mucho después, llegaron mis padres y mi hermana, o eso me dijo una de las enfermeras. Y ellos, que parecían haber gastado toda su fuerza y energía para llegar, empezaron a llorar mientras se abrazaban y daban gracias a Dios, y Shiany corrió hacia mí y se aferró con fuerza sobre mis sabanas mientras sollozaba.

Pero yo solo me dispuse a observar todo lo que ocurría, en silencio.

No sabía qué hacer.

Solo me preguntaba…

“¿Ellos son los que dicen que son?”

Aunque lo demostraban en sus acciones, no me era posible aceptarlo así como así.

Entonces pensé en tratar de seguirles la corriente, creyendo que así tal vez podría aliviar su dolor, pero al pensar mejor, recordé que era innecesario; el doctor ya se había acercado a ellos.

  • Señores, por favor síganme.

Sacó a mis padres fuera de la habitación, pero aun así pude escuchar un poco de su conversación.

Mi situación en sí no era una sorpresa, de hecho, se podría considerar que ya lo esperaban.

Aun así, mis padres no querían aceptarlo. Mi madre que hace poco estaba llorando de felicidad, ahora no era capaz de controlar su dolor. Mi padre tampoco podía ocultar su pesar, pero aun así, intentaba aliviar a mi madre.

Shiany se aferró a mí aún con más fuerza, y al ver sus lágrimas, las cuales, podían incrustar un dolor incomparable en el corazón de cualquiera. Para mí, que lo veía con mis propios ojos, a pesar de que lo entendía y me dolía, para mí… para mí era como ver una película realmente triste.

No podía reconocerlos como tal…

A final, el doctor intentó dar unas pequeñas esperanzas a la familia diciendo que harían una serie de pruebas para verificar mi estado en su totalidad y si había posibilidad de poder recuperar mis recuerdos.

Durante mi estadía en el hospital recibía bastantes visitas, tanto de “familiares” como “amigos”. Entre ellos Mike, quien vino el segundo día, todos eran muy amables y carismáticos, pero sentía algo en mí que… aunque era pequeño, me impedía hablarles y tratar de abrirme a ellos.

Al final, no sabía cómo actuar frente a ellos. A pesar de que ellos me veían como un preciado amigo, un miembro de su familia muy querido, yo no podía aceptarlo fácilmente… pero de algún modo, poco a poco empecé a ganar un poco de confianza.

Para cuando salí del hospital, ya era mediado de mayo.

No había recuperado mis recuerdos y mucho menos se sabía si podría recuperarlos en el futuro. Pero aun así, ya se estaba preparando mi ingreso a la escuela. Me había retrasado casi dos meses.

Ingresé y desarrollé mi vida académica con normalidad. Todo se me hacía fácil y esos meses de retraso no fueron ningún problema. Poseía mis conocimientos, prácticamente me sentía conocer este mundo, pero a la vez no.

En cuanto al compañerismo y familia…

Como dije, al principio me pareció difícil adaptarme y aceptarlos, pero poco a poco empecé a abrirme a ellos. Sin embargo…

Todo empezó por algo pequeño y en verdad estúpido.

Fue un día de compras que se decidió ir al mercado de frutas. Para ese entonces, aun intentaba acoplarme a ellos, y trataba de aceptarles todo. Pero ese día intenté dar un paso más.

Mientras visitábamos los puestos, ellos de repente se pusieron de acuerdo en algo, y se dispersaron, dejándome solo con el carrito de compras. Momento después volvieron con tres bolsas de diferentes mangos.

“¿Cariño, qué tal si hoy disfrutamos de tu fruta favorita?” Todo había si idea de mi madre, quien lideró esa idea con la esperanza de hacernos más unidos. Sin embargo, mi respuesta vino abajo toda su alegría. “Lo siento, ¿pero no sería mejor unos plátanos, una gran piña o algunas naranjas? Me gustan más esas.”

En ese momento no tenía ninguna mala intención, es solo que, como dije antes, quise dar un paso más, y para eso decidí ser un poco egoísta, como un verdadero hijo. Pero no me había dado cuenta que serlo en ese momento provocaría un conflicto entre los recuerdos que ellos tenían de mi de antes del accidente y mi yo de ahora.

No odiaba el mango, era delicioso, pero no la consideraba mi fruta favorita, y decírselo a mi familia provoco su confusión y negación. No habían aceptado que era diferente de antes.

Fue a partir de ese momento que empezaron a ocurrir esos conflictos, pues al contarme algo, o cuando hacia cosas contrarias a lo que ellos recordaban de mí, empezaban a murmurar…

Que te gustaba esto…

Que ellos son tú…

Que tú hacías esto…

Que tú eras así…

Que tú deberías ser así…

Que tú…

Que tú…

Tú…

Tú…

¡Tú!

….

…ha… estoy harto de esto…

¿Qué rayos les pasa?

¿Por qué me echan en cara que no soy igual que antes?

¿¡Por qué demonios quieren forzarme a ser alguien que ya no soy!?

¡¿Qué acaso solo soy un maldito recipiente, con el cual pueden jugar y poner tantas cosas como puedan?! ¡No me jodan!

Nunca lo dije, ¿pero acaso decirles algo, cambiaria las cosas?

Sabía que todo era algo simple y estúpido, y que con solo pensar y actuar de otro modo podía arreglarlo. Pero en ese momento, recién me estaba abriendo a este “mundo”, y “éste” no quería aceptar otra actitud u otra forma de pensar por parte mía. Lo que es más, me lo echaban en cara.

Era demasiado para mí.

Por eso llegué al punto de que… no importaba si me odiaran o lastimaran, todos eran iguales para mí. Tal que si alguna vez me encontraba con ellos en algún lugar, me importaba poco si se acercasen a saludarme, les ignoraría y los evitaría fingiendo no reconocerlos. Ya importaba poco lo que pensaran o digan de mí.

Todo era el alimento de ese pequeño sentimiento en mí ser, que decía…

“Aléjate…”


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