Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 21 (v.1) - Capítulo 4: Recuerdos - Pasado x Presente - Parte 3

Submitted: June 15, 2016

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Submitted: June 15, 2016

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Capítulo 4:
Recuerdos
Pasado x Presente

Parte 3

El tiempo pasó en un santiamén, y ya eran finales de año.

Había terminado perfectamente mi año escolar, también regularizando mis conocimientos como japonés.

La relación con mi familia… Bueno… Podrías decir que era bastante buena, ya que en algún momento dejaron de hostigarme con sus palabras. Pero eso no me importa ya. Y a pesar que nos llevábamos muy bien a los ojos de los demás, incluso jugábamos y reíamos, nunca discutimos por algo. Bueno, era así porque en vez de llevarles la contra, solo me dejaba llevar por las circunstancias, siempre con el propósito de no causar ningún problema, pues en el fondo, ellos no eran muy diferentes a los demás.

Había creado la imagen del buen hijo, y a la vez, era una barrera que nadie cruzaba.

En cuanto a los demás…

En la escuela, solo me disponía a entrar, estudiar y salir de ella. Nada más.

No me importaba lo demás.

No me importaban los demás.

El hecho de ser un buen estudiante hizo que los profesores tomen por alto mi vida escolar y al final no me dijeron nada con respecto a mi poca sociabilidad. Obvio que mis padres parecían preocupados por ello, pero como dije, ya había levantado una barrera entre ellos y yo. Ellos no me dirían nada.

Pero aún en mi solitario mundo, había dos personas que permanecieron junto a mí.

Una era mi hermanita Shiany, con casi diez años, quien con su forma de ser me era imposible compararla con los demás, puesto que ella para casi cualquier cosa lo hacía sola y cuando se encontraba en un dilema recurría a mí.  Sin embargo, ella nunca esperaba algo explicito mío, más bien, disfrutaba contarme de sus problemas, experiencias y descubrimientos diarios. Al principio me era irrelevante, pero a ella no le importaba si en verdad le hacía caso o no, solo dejaba salir su tan envidiable libertad. Escucharla a menudo me tranquilizaba, más porque ella era un tanto similar a mí, pero a diferencia mía, de ella nadie esperaba algo en específico. Ella era alguien que estaba conociendo este mundo y me daba su opinión, la opinión de una libertad tan envidiable… pero a la vez, me alegraba que ella lo disfrutara. En el fondo era como verme a mí mismo en un mundo alterno al que vivía.

El otro era obviamente Mike.

No sé si mis padres se lo pidieron al principio o solo lo hacía porque me consideraba su amigo a pesar de todo… Quien sabe.

No me importaba lo que hacía, ya que en sí, él era bastante complicado.

Recuerdo haber escuchado que él y yo éramos muy conocidos tanto en la escuela como en la ciudad, algo como “los que pueden realizar cualquier cosa, los…” Hm… no recuerdo lo demás.

Sí, había cosas que sabía por pura coincidencia y otras que no les tomaba importancia.

Mike era alguien demasiado complicado para decir que solo era alguien que le gustaba disfrutar de la vida. Se sentía como si mintiera todo el tiempo, incluso de lo que él mismo es.

Bueno, el caso era que él sabía muy bien cómo tratar conmigo. Él no me decía como “debía ser” o como era antes, el me “mostraba” lo que solía hacer.

Así fue como, en un feriado largo, a mediados del año, casi dos meses después de mi integración a la escuela, fuimos de campamento a un pequeño pueblo en las afueras de la ciudad, idea de Mike claro está.

Necesitaba relajarme, dejar la actuación y separarme de los demás; y la ocurrencia de Mike me resultó muy tentador.

Así que cuando llegamos a ese pueblito, empezamos una caminata para adentrarnos aún más adentro.

  • ¿Qué tan lejos iremos? – Me quejé al ver que no seguíamos ninguna ruta clara.
  • Tranquilo amigo mío, no es que te vaya a violar o algo por el estilo. ¡Oh!, y no te preocupes – me guiñó el ojo con picardía mientras me apuntaba con su dedo –, no estás dentro de mi liga~.

Dejando de lado su forma de hablar, el camino en un principio era subir una inmensa colina, pero para mi sorpresa, no fue para nada agotador y eso que llevábamos unas enormes mochilas a cuestas. Ahí fue que comprendí el por qué no me cansaba para nada en las clases de educación física. Mi resistencia era demasiado buena para ser cierta. Además, después comprendería del porque Mike siempre de decía no dar lo mejor de mí en esas clases.

Luego de bajar esa colina, nos encontramos con un rio bastante ancho.

  • ¡¡Uwo!! ¡Esto es muy bueno Alex, está más grande que el año pasado!

Exclamó Mike, disfrutando de la vista con la emoción de un niño, o eso quería creer.

De todos modos, Mike estaba en lo cierto, el lugar era espectacular, pues no había nada a la vista que no consideraría hermoso y colorido.

Sí, a pesar de que era alguien muy amargado de este mundo, me gustaba disfrutar de varias cosas.

De todos modos, la cuestión es que en este lugar había inmensos árboles (muchos más al otro lado del rio), y bastantes cultivos, los cuales recién estaban en pleno desarrollo, por lo que no había pobladores cerca.

  • Supongo que aquí acamparemos, ¿no?
  • No amigo mío. – Movió su dedo índice en negación mientras hacía sonidos con su lengua. – Aún falta muuucho más por recorrer. Después de cruzar el rio, si me dejo entender.
  • ¿De qué hablas? Aquí no hay forma de cruzarlo.

El rio era bastante hondo para poder pasarlo a pie y no veía ni un solo puente por más que me esforzaba por encontrarlo.

  • Es simple Alex. Solo hay que pasar sobre él.
  • ¿Huh? A que t-

Lo dijo casualmente y mientras me volvía hacia él para preguntar su plan, él, sin previo aviso, había empezado a correr.

  • ¡¡Oye!!

Grité agitado, asumiendo que después tendría que buscar su cadáver, pero no me hizo caso alguno.

¿Está loco? – Pensé tratando de encontrar una razón para su decidión.

Pero lo siguiente que supe, fue que Mike estaba saltando sobre ese enorme rio, de unos 10 metros de ancho hasta llegar a la otra orilla, sin ningún problema, como si solo hubiese dado un simple salto largo.

Habiendo aterrizado al otro lado, él se giró y levantando el brazo me llamó.

  • ¡Vamos Alex, es fácil!

Era increíble. Nunca había pensado que alguien podría hacer eso en la vida real, pero ahora…

¿Me está pidiendo que yo también lo haga?

Para cualquiera, esto sería una locura. Sin embargo, yo acababa de presenciarlo, incluso Mike me lo pedía, como si fuera algo normal para nosotros. Así que empecé a correr con todas mis fuerzas. En un instante llegué a la orilla y salté…

  • ¡¡Uwoooo!!

Era increíble… El viento golpeaba mi cuerpo con fuerza, pero aun así me sentía libre, con vida. Era como estar volando, sin límites, sin reservas, y aunque solo estaba saltando alto… alto… ¿eh?

¡¡Espera, esto es demasiado altooooo!!!

  • ¡Alex, nunca dije que lo hagas con tanta fuerza! – Mike gritó desde el suelo poniendo ambas manos delante de su boca.

¿¡Y ahora me lo dices!?

Ya lo había sobrepasado.

Ahora me enfrentaba a una enorme caída mientras un escalofrió recorría mi espalda, pero a pesar de ello, nunca cerré los ojos. Es más, incluso mi cerebro me hizo pensar en la forma de aterrizar. Podía arquear mi cuerpo hacia adelante y dar un volantín, para suprimir la fuerza de caída y no causar ningún daño al suelo, pero con la mochila a espaldas, decidí afrontar la caída y soportarlo.

*PUMM*

El suelo estaba agrietado y mis pies, siendo el centro del impacto, habían quedado un tanto hundidos, sin contar que había bastante polvo alrededor.

Mike llegó al instante.

  • ¡Alex, eso fue grandioso! ¡Después de tanto descanso, ¿aún puedes saltar de esa manera?!

No sabía que responderle, pero en mis adentros solo recorría una pregunta.

¿Qué demonios soy?

  • ¿Sin respuesta? De acuerdo, entonces sigamos, sigamos. Ya es bastante tarde y si seguimos a este paso… – sacudió su cuerpo en señal de frio – U-u-u-u-uy, incluso se podrían congelar mis mocos, y otros fluidos. Me refiero al sudor Alex, no me vayas a malinterpretar.
  • No he dicho nada sobre ello.
  • No~ pero tus ojos sí. Deberías ser un poco más discreto cuando me miras, de lo contrario, incluso yo podría caer ante tí~

Después de guiñarme el ojo, como si fuera una niña tímida, se puso a correr. Por cierto, cuando habló de sus fluidos, lo miré con indiferencia.

De todos modos, le seguí. No pasó mucho para que él empezase a saltar, sin embargo, cada paso que daba era de casi tres metros, pero lo hacía de forma tan natural, que lo podrías llamar “correr”.

También lo imité, pero con más cautela. Al principio era demasiado torpe, pero rápidamente me acostumbré, o mejor dicho, encontré mi ritmo.

Pero aun así, no hacía más que imitarlo. 


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