Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 28 (v.1) - Capítulo 5: Karaoke - Centro Comercial - Parte 1

Submitted: July 09, 2016

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Submitted: July 09, 2016

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Capítulo 5:
Karaoke
Centro Comercial

Parte 1

  • Mm… supongo que por curiosidad.
  • ¿Curiosidad? — Aika me preguntó.
  • Si, ya que esta sería mi primera vez.
  • Ah… hehe, era de esperarse.
  • ¡Pero no es su culpa! — Mike intervino — ¡En mi país no existen, o no de la misma manera! ¡Si no fuera así, te aseguro que Alex sería una bestia sin control! ¡Gah!
  • ¿De la misma manera?

¿Aika ignoró las exageraciones de Mike sin remordimiento alguno? Ah… me siento tan orgulloso.

  • S-
  • Sí. — Intervine, preocupado por las palabras que Mike podía soltar para explicarle — Son más públicos y no hay habitaciones personalizadas como las que aquí hay, ya que están más orientado a adultos o mayores de edad.
  • Ah, así que nunca tuviste oportunidad de ir a un lugar como este.
  • Ajá.
  • Juju~ o eso dice él — Mike tramaba hundirme —. Shimizu-san, no te dejes convencer tan fácilmente. Mi hermano puede parecer una linda oveja blanca pero no es más que un lobo experimentado. Si supieras las cosas que sé de él. Jujuju~
  • ¡Oye-!
  • Keita-kun~
  • ¡Tra-tranquilízate, Aika! ¡No tengo ni la menor idea de lo que habla, solo está jugando! ¡Oye, di algo!
  • Eh~  Shimizu-san… Solo fue una broma, no tenías que tomártelo en serio. Incluso a mí me estás dando un poco de miedo.
  • Ah, lo siento Keita-kun, no era mi intención.
  • Lo sé, pero, ¿por qué solo te enojas conmigo, Mike te estaba engañando, no?
  • ¿No estaba solo jugando?
  • Ha... Así que así son las cosas.

Sin duda alguna, la vida es injusta.

  • Pero Keita-kun. ¿Está bien que vayamos nosotros también? — Aika parecía preocupada.
  • No veo por qué no, además…

Además, cuando venga el lunes me preguntarás de todos modos, así que mejor era traerte y evitar un problema más. Aunque Mike no estaba en la lista.

  • ¿Además?
  • Nada. Solo considéralo como un capricho mío.
  • Mm…Entonces aceptaré con todo gusto. — No parecía totalmente convencida, pero al final aceptó con una sonrisa.
  • Por cierto, ¿tu abuela y tu mamá te dieron permiso?
  • Mhm, le dije a mi abuela que iba contigo y me dio permiso, además de que iba a hablar con mi mamá cuando llegara del trabajo.
  • Oh, ya veo.

No pude decir más y no necesitaba decirlo. Aika debía entender que, aunque las cosas mejoraron entre nosotros, yo aún no podía hablar directamente con su abuela o cualquier cosa relacionada a ella.

  • ¡Let’s Party! ¡KYA-! ¡Guft-!

Pero mientras nuestra conversación se perdía, Mike levantó su brazo derecho con euforia. Pero antes de que gritara como chica, mi puño lo dejó sin aire.

  • A... Alex, hermano — paso saliva con dificultad —. No tenías… que ir tan lejos… Eres muy brusco.
  • Calla. Solo mantente tranquilo, ¿entiendes? Pero si aún quieres persistir, lo siguiente será peor.
  • …de acuerdo… tendré cuidado.

Y así terminó nuestra pequeña conversación, sentados en uno de los sitios libres de un tren medio vacío, con dirección a la parte central de la ciudad.

¿Por qué tan lejos?

Obviamente, la primera razón era por nuestra cantidad. Según nuestro informante y de alguna manera el más capacitado sobre karaokes en toda la ciudad, Mike, no hay algún establecimiento que acepte a todos, a menos que sea en la parte central. La segunda razón era porque el padre de Mizuki, es dueño de varios de los principales karaokes de la ciudad.

Los demás se habían adelantado para buscar uno cercano, pero luego de consultarlo con Mike, Mizuki les avisó el lugar de reunión. Ahora solo estábamos dos grupos de tres, yo, Aika y Mike, y Mizuki, Ichijou y Yamada, las tres fisgonas...

Creo que debería dejar de llamarlas así, pero ¿Cómo las nombraría de ahora en adelante?

Dejando lo último de lado, ellas se pusieron a cierta distancia de nosotros, no me queda muy clara la razón. Ah, se me olvidaba. Tachibana no pudo acompañarnos ya que sus padres habían salido y debía cuidar de sus hermanas. Sea por Aika o por otra razón — que no creo exista —, dejó en claro sus ganas de venir.

Cuando llegamos a nuestra estación, bajamos y empezamos a caminar, guiados por nuestras tres guías, no, ahora cuatro, ya que Mike se les unió mientras las llamaba “senpai”.

  • ¿Por qué las llamó así? — Al verlo irse, Aika se me acercó.
  • Mm… Supongo que está considerando el hecho de que ellas son integrantes de nuestra pequeña organización antes que él.
  • Ah~ — Soltó una pequeña risa ahogada, ocultando la comisura de sus labios bajo su pequeño puño.
  • ¿Qué? ¿Dije algo gracioso?
  • No — se volvió a mí, mostrándome una cariñosa sonrisa —, pero me parece curioso que lo llames de esa forma, igual que Ruiz-san.
  • Ah, tienes razón. — Compartí su sonrisa — Solo creí que así sonaría mejor.

La parte central, era sin duda, la zona más moderna de ésta gran ciudad. Los enormes edificios eran cuantiosos y en las calles la gente era en demasía, pero a la vez… no te era tan molesto.

Mientras conversábamos ya habíamos entrado a una pequeña zona comercial donde predominaban los establecimientos con variedad de juegos, donde nos topamos con una gran cantidad de estudiantes de otras escuelas. Supongo que las vacaciones y los exámenes venideros eran recibidos de maneras diferentes.

Seguimos caminando hasta terminar de cruzar esa área, después de girar a la derecha, nos abrimos espacio hacia una avenida principal de seis carriles.

  • Ya llegamos. — Dijo Mike, girando hacia nosotros y esperando que viéramos el lugar por nosotros mismos.

Ahí, en un gran espacio privilegiado, entre grandes y modernos edificios alrededor, el centro comercial era un gran edificio que los superaba con creces, tanto en tamaño como en… extravagancia; aunque agradable a la vista.

La edificación, era la unión de tres enormes edificios de forma semi-ovalada, como si fueran huevos un tanto delgados y mitad enterrados, pero éstos estaban hechos de franjas, intercalando entre cemento pintado de blanco, y vidrio. A mi vista parecía tener unos 15 pisos, además de que tenían una especie de cúpula en forma de vidrio; excepto el tercer edificio del fondo, el cual parecía tener un helipuerto del tipo elevado. Alrededor de los tres edificios había zonas verdes y para el parqueo vehicular. El límite entre la zona del centro comercial y la avenida, era definido por una línea verde con gran variedad de plantas decorativas y flores.

  • Con que es aquí — opiné apenas los dos grupos nos reagrupamos —. Ese karaoke debe ser bastante popular para que sea parte de este centro comercial. — Aunque nunca había venido aquí, por la cantidad de personas que transitaban por la zona, supuse que debía ser así.
  • ¡Por supuesto! — exclamó Mizuki, mientras posaba su mano sobre su casi inexistente pecho — ¡Después de todo, yo lo administré!
  • ¡Oh! No sabía que tenías tal habilidad. — Opiné, en verdad admirado.
  • Eso es increíble, Mizuki-san — Agregó Aika.
  • Hum, hum. — Mizuki infló su pecho de orgullo.
  • Es cierto. De lo contrario estarían en la banca rota. — Sin embargo, Ichijou entró en modo destrucción de sueños. (Espera, ¿de dónde salió ese sobrenombre?)
  • Ah… — Mizuki se congeló.
  • Ya que su padre es un inútil en las finanzas. — Agregó Yamada casi al instante, como si algo no tuviera remedio, y debo decir que nunca pensé verla hacer ese tipo de comentarios.
  • Hoho~ Una historia de fondo, díganme más senpai’s. — Mike frotaba sus manos en señal de haber encontrado algo divertido.
  • Ah… Chicas, no tenían que ser tan detallistas… — Mizuki parecía estar perdiendo el alma.
  • Era necesario. — Dijo Ichijou mientras la miraba con aires de superioridad.
  • ¿Por qué~? — Mizuki indignada, le refutó de forma graciosa.
  • Simple. No debes huir ni disfrazar la realidad. ¿Sabes los problemas que nos ocasionarás si otra vez se te suben los humos? — Ichijou la reprendió y empezó a caminar hacia nuestro destino.
  • No seas mala Kotori~, quería saborearlo durante un tiempito más. Sabes de las pocas veces que puedo presumir sobre ello, y más si se trata de Keita. Vamos, para la próxima…

Mizuki la alcanzó mientras le rogaba alguna petición. Yamada también las siguió de cerca con una sonrisa. Mike soltó un “hoho~” mientras se unía a su conversación. Y finalmente, yo y Aika, cruzamos miradas, sonreímos y les seguimos.

Ya frente al centro comercial, y sin parar, todo el grupo caminó por uno de los amplios pasillos que cruzaban en medio de las zonas verdes —y al parecer, el principal—, evitando a las personas que venían en la dirección opuesta. Cuando llegamos al cruce principal, yo y Aika alzamos la cabeza para admirar lo enormes que eran los edificios desde nuestra vista.

Había tres caminos: El inmediato giraba a la izquierda y se dirigía a la entrada del primer edificio, para luego rodearlo; el segundo se encontraba en la misma dirección, solo que éste se gira antes hacia la derecha y baja unas escaleras hasta una zona inferior, que parecía ser usada para atracciones al aire libre, con dirección al centro de éste Centro Comercial — definido por los edificios, y los pasillos que unían a estos en el tercer y cuarto piso —; y finalmente el tercer camino tenía la misma dirección de la cual veníamos, y se dirigía al segundo edificio — y de seguro al tercer edificio también —. Nuestros guías siguieron de largo por la última opción.

Pero mientras caminábamos, avistamos en el centro, unas atractivas chicas, vestidas como animadoras, montando un pequeño espectáculo acrobático. No pude evitar que esas tres y, en especial, Mike, se sumaran a una increíble cantidad de espectadores — luego Aika y yo —, aprovechando nuestra pequeña ventaja visual. Y al parecer habían tomado fuertes medidas de seguridad, pues los guardias, que mantenían a raya a los espectadores, no parecían ser gente ordinaria; más parecían guardaespaldas altamente entrenados para subyugar a cualquiera, razón por la cual nadie intentaba acercarse demasiado. Suerte que nuestro destino era diferente, de lo contrario, Mike podría intentarlo.

Haciéndoles acordar nuestro propósito, logramos proseguir con nuestro camino hasta llegar al segundo edificio y entrar por una de las cuatro puertas automáticas de vidrio. Ya adentro, a ambos costados, se encontraban las primeras tiendas — las cuales eran un banco y una compañía celular —, y mientras avanzábamos, descubríamos cuán grande era por dentro.

Donde sea que miraba, había una gran cantidad y variedad de tiendas. Veía el ir y venir de familias, grupos de amigos, estudiantes y parejas; incluso pude ver a un chico desesperado por tratar de persuadir a su novia, quien se adelantaba haciéndose la enojada. Me causó gracia, pero a la vez, y extrañamente, sentía comprender bien su situación.

El lugar era enorme sin lugar a dudas, pues en el centro había espacio suficiente para poner un pequeño estrado, una cafetería, el croquis del edificio y un par de palmeras artificiales. Los pisos tenían un diseño geométrico de varios vértices, y en uno de éstos fue por donde entramos — al frente y al otro lado se hallaba la otra entrada —; a nuestra izquierda y ubicado en otro de los vértices — justo en medio de las dos entradas—, había un ascensor que subía hasta perderse en el onceavo piso. Por cierto, en lo que parecía ser el techo y el piso del onceavo piso, se encontraba impregnado, a base de un estilo acrílico y luces, el logo del C. C.

Nosotros giramos a la derecha y subimos por las escaleras eléctricas, las cuales eran de subida y bajada, hasta el segundo y tercero piso. Durante ese trayecto, Mike retrocedió hacia nosotros y explicó que a partir del piso once se encontraban los negocios que necesitaban más espacio, como los karaokes, cines y otros; nuestro destino era el piso doce. Después de llegar al tercer piso, giramos a la derecha y nos dirigimos a las escaleras que llevaban al cuarto y quinto piso, y así hasta después de que los pisos inferiores desaparecieran de nuestra vista. Y por cierto, no usamos en elevador, pues nuestros expertos decían que hoy era un día clave y con los ascensores se demoraba más; además de que tomando el camino largo, se podía observar mejor las tiendas, sus recientes ofertas, promociones y nuevos productos; y conversar de todo sin preocuparse por los demás.

El doceavo piso, al igual que el onceavo, era para los karaokes y centros de recreamiento para todas las edades; pero nosotros ya no necesitábamos caminar más. Nuestro destino era el primer stand de la derecha. Al entrar, en un espacio circular —de un estilo moderno y pintado en base al color rojo—, al frente y tras un mueble, estaba recepción. En esa pared había un televisor que mostraba los records más recientes. Mizuki fue la primera en acercarse y, tras el mueble, se levantó un chico mostrando una sonrisa moderada. Llevaba un polo blanco con un chaleco algo así tipo vaquero, tenía el cabello claramente teñido de rubio fijamente desordenado y llevaba un piercing en la oreja izquierda. Aunque su gusto era extravagante a mi parecer, daba aires de ser alguien tranquilo. En otras palabras, un estúpido.

Al parecer se llamaba Ricky —de seguro su apodo—, quien después de intercambiar un par de palabras con Mizuki, nos guio por el pasillo izquierdo, y después girar hacia adentro —en un espacio que apenas era para tres personas—, hasta llegar la habitación número 108, donde todos los demás nos esperaban.


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