Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 31 (v.1) - Capítulo 5: Karaoke - Centro Comercial - Parte 4

Submitted: July 23, 2016

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Submitted: July 23, 2016

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Capítulo 5:
Karaoke
Centro Comercial

Parte 4

*BUM*

Un vibrante y pequeño sonido se sintió dentro de esa habitación de karaoke. Aún con la cantidad de volumen y euforia con la que se divertían, ese casi silencioso sonido, acompañado también de un ligero temblor, hizo poner a todos en alerta; incluso a ese chico de la tableta.

Pasaron unos momentos, y entonces, uno de ellos salió corriendo a la puerta; otros le siguieron de cerca, y al sacar la cabeza por la puerta notaron a otros clientes hacer lo mismo. En ello, la voz del recepcionista, Ricky, se hizo presente en medio del pasillo y en cada habitación; todos miraron hacia arriba.

  • Estimados clientes…

De unos pequeños parlantes impregnados en el techo, la agitada y nerviosa voz de Ricky intentó estabilizarse. Nadie lo sabía, pero en ese momento, su cerebro intentaba recordar la capacitación que había recibido en caso de emergencias, y trataba de asimilar la información que había recibido de parte de los guardias de seguridad, la cual había sido transmitida a todos los negocios del Centro Comercial, mediante una llamada de emergencia. Lo único que los clientes podían entender era que estaba intentando encontrar las palabras adecuadas.

  • Les recomiendo no salir de sus habitaciones por el momento.

Aún en su estado, intentó hablar con calma y lo más formal posible, pero esa sensación que intentaba apoderarse de sus nervios estaba ganando terreno; no pudo evitar un pequeño quiebre de su voz.

  • ¿Qué está diciendo…?
  • Que se explique.
  • ¿Qué está pasando?

Lo clientes no entendían la situación, pero por el nerviosismo que transmitía el joven recepcionista, muchos de ellos se encontraron temerosos de saber lo que sucedía.

No les había escuchado, pero como si fuese así, Ricky intentó explicarse:

  • Acaba de ocurrir una explosión en la zona tres —pasó saliva—. Un grupo… —respiró profundamente—, un grupo armado ha… ¡“Terroristas” han tomado el centro comercial!

Todos se quedaron callados, atónitos.

Tal declaración, que más parecía un grito de ayuda, no pudo ser asimilada de inmediato. Parecía tan irreal, casi una broma, pero la ya asustada voz del recepcionista se llevó tales y similares pensamientos.

El joven se dio cuenta de su error segundos después, y trató de controlarse así mismo, intentando agregar más información:

  • Se han agrupado en la zona tres… probablemente solo se centren allí, pero por medidas se seguridad, se les ruega no salir. Si algo sucede, os haré aviso inmediatamente.

Dicho esto, como si estuviera leyendo un protocolo de seguridad, colgó la llamada. Con prisa intentó cerrar la puerta del stand, pero varios de sus clientes hicieron caso omiso a su recomendación y le obligaron a dejarlos salir; no tuvo más remedio que hacerles caso. Después de que salieran, por fin logró cerrar y bajar la puerta metálica. No era el único, sus vecinos hacían lo mismo, como también otros lo hacían para salir corriendo; comenzó a dudar de su decisión.

Esa misma escena sucedía en los otros edificios, o mejor conocidos como zonas.

Los que lograron calmarse, pero que por dentro estaban a punto de volverse locos, volvieron a sus habitaciones. Y parte de ese grupo de personas, fueron los integrantes de los “voluntarios”.

Unos quisieron pensar que era una especie de broma pesada, sin embargo, eso era tan solo una mentira para poder tranquilizarse; el agradable y eufórico ambiente había sido reemplazado por uno más pesado, lleno de nerviosismo, una desesperación silenciosa y un creciente pavor. Era a tal punto que con el menor cambio, todos podrían gritar y salir corriendo; varios empezaron a discutir si debían huir también.

Es en medio de este ambiente que…

  • ¡Kotori! — se oyó gritar a alguien —. ¡Kotori y otras chicas salieron!

Era Kitamura, pero al mismo momento no era el mismo, sus ojos parecían inyectados de sangre y su voz parecía quebrarse hacia la locura. Sus compañeros, al ser conscientes de tal realidad y sin poder controlarse, tensaron sus hombros del miedo.

  • ¡I-intentaré llamarles! — dijo una, tratando de encontrar una pequeña esperanza y borrar las desagradables imágenes que se habían creado en su mente.
  • ¡No, no lo hagas!

Pero Mike la detuvo con un grito.

  • Pero-
  • ¿¡Por qué no!? —Kitamura interrumpió a la chica, se acercó a Mike y grito con la desesperación en total control de su mente —. ¡Ellas pueden estar en peligro!
  • Cálmate Kitamura — Pero Mike, con total tranquilidad, eliminó la poca distancia que quedaba entre los dos, puso su mano sobre su hombro y le habló al oído —. Si no te calmas ahora, provocarás algo peor.

Por suerte, Kitamura comprendió esto y trató de tranquilizar su agitado corazón, incluso tuvo la necesidad de golpear la pared, pero se contuvo apretando sus puños tanto como pudo. Mientras tanto, Mike se volvía a todo el grupo.

  • Chicos, ¿alguien sabe quiénes salieron?

Del grupo, salió una chica con el cabello ondulado y largo.

  • Vi que Kotori salió con Rikka, Nozomi, Nagi y Aika-chan.

Al escuchar eso, Mike miró de un lado a otro.

(No está… Vaya, estoy perdiendo el toque.) — Pensó él, como si hubiese perdido algo que se le encargaron.

En ello, un chico cayó de rodillas mientras cubría su cabeza con sus manos; había entrado en un estado de shock. Pero a pesar de que todo en su alrededor se estaba descontrolando, Mike bajó su cabeza un instante, formuló algo y de inmediato se volvió ante sus compañeros.

  • ¡Chicos, escuchen!

Habló fuerte, haciendo frente a la ola de sentimientos negativos que poco a poco estaban consumiendo la cordura de los demás.

  • ¡Que nadie intente llamarlas, si lo hacen podrían ponerlas en un peligro peor! ¡Lo mejor que podemos hacer ahora es que un grupo pequeño salga a buscarlas!

Todos se le quedaron mirando, pero nadie dijo nada.

Lo recién planteado por Mike, era tal vez lo más sensato a hacer, pero, ¿quién haría eso en una situación como ésta? Aunque eran sus amigas, y estaban en peligro, el salir afuera podría significar el hecho de morir, lo que causó que todos lo pensasen dos veces antes de plantearse a hacer algo. Esos pensamientos, hicieron que todos se fijaran en su nuevo compañero; Mike era diferente, él apenas formó una amistad con las otras chicas y ahora, sin inmutarse, estaba dispuesto a llevar a cabo su solución.

Pero no era el único, aunque reaccionó tardíamente, Kitamura puso un pie adelante.

  • Yo te acompaño.
  • Eso era más que obvio. — Mike le respondió volviéndose hacia él mientras mostraba una sonrisa. — ¡Y es más que suficiente!

Lo último iba dirigido a los demás. A algunos les chocó, y otros bajaron la cabeza sin forma ni intento de negarlo. Ellos lo sabían, Mike también. Él sabía de la duda en el corazón de sus nuevos compañeros, pero no los culpaba, ya que conocía muy bien esa sensación. La decisión de enfrentarse a la muerte, decisión que una vez enfrentó y le costó caro no poder hacerlo a tiempo. No era una decisión que se podía tomar a la ligera, pero él ya no podía ser considerado como un chico de su edad, aunque en realidad, él nunca lo fue. Así que prosiguió:

  • Nosotros saldremos. Por favor chicos hagan tal como dijo el recepcionista y con respecto a esto no es necesario culparse, en este momento es necesario que solo nosotros dos vayamos, así será menos peligroso. No traten de salir, de lo contrario Alex no me perdonará.

Dijo esto último con una sonrisa. Y dirigiéndose a Kitamura, habló con total confianza.

  • ¡Vamos!
  • ¡Sí!

Recibiendo su asentimiento, ambos salieron corriendo fuera de la habitación.

Los que quedaron solo pudieron observarlos salir. Algunos querían salir a ayudar de alguna manera, pero ¿que eran ellos capaces de hacer en esta situación? ¿Qué era capaz de hacer Mike en esta situación? Ellos no sabían mucho de él, pero aun así y aunque no podían comprenderlo del todo, sabían que podía hacer algo. No por algo, pasó los últimos años junto a su líder.

***

Ya afuera e ignorando al recepcionista quien gritaba de detrás, Mike y Kitamura corrieron hacia uno de los dos pasillos, que servían para ubicar los servicios higiénicos —en los pisos inferiores al onceavo—, y las escaleras de emergencia que llegaban hasta el primer piso.

Mientras bajaban, se toparon con varias personas que corrían despavoridas presas del pánico; en ese punto decidieron salir de las escaleras de emergencia; era el piso ocho.

  • Vamos Kitamura, nuestro destino es el tercer edificio — dijo Mike mientras abría la puerta y corría hacía las escaleras automáticas.
  • ¿Por qué nos dirigimos hacia allí? — Kitamura le seguía de cerca.
  • Piénsalo, si ellas estuvieran en otro lugar y-

Mike intentó responderle, pero tuvo que esquivar a unas personas que corrían en dirección contraria. No mucho después, una de esas personas tropezó y cayó pesadamente de cara; nadie la ayudó.

  • ¿Por qué está sucediendo esto?

Dijo Kitamura, viendo lo que sucedió y sin esperar respuesta alguna. Pero sus pensamientos no dejaban de buscar una respuesta a lo que sucedía. Pero en sí, cualquiera dentro de este Centro Comercial, aún sin ser consciente de ello, se preguntaba lo mismo.

Muchos corrían hacia las escaleras de emergencia; otros, como ellos, intentaban más suerte en las escaleras automáticas, las cuales, por suerte, tenía menor cantidad de gente; faltaba decir que, por su velocidad, el ascensor era el de mayor demanda y quedó abarrotado. Varios caminos a elegir, pero al final, los que corrían tenían el mismo objetivo, alejarse de ese lugar y salvaguardar sus vidas.

Todo era demasiado diferente a cuando llegaron.

Ya había pasado un tiempo desde que se escuchó ese sonido, esa explosión. Incluso hubo disparos. Ellos no lo oyeron, ya que la habitación, en la que hace apenas unos minutos no hacían más que divertirse, era casi a prueba de sonido. ¿Pero acaso era necesario confirmarlo? Lo que importaba ahora era encontrar a sus amigas y nada más. Pero aun así…

Ignorando o fingiendo no conocer de esto, Mike continuó lo que estaba diciendo anteriormente.

  • …si ellas estuvieran en cualquier otro lado, ya nos hubieran contactado.

Llegaron al cuarto piso.

  • Estas queriendo decir…
  • Sí, ellas quedaron atrapadas. O en otro caso, deben ser rehenes.

Pero también, ellas tal vez podrían ya haber muerto. Dado que se trataba de “terroristas”, esa posibilidad no estaba fuera de lugar. Sin embargo, Mike no la mencionó por dos razones: Una era para tratar de mantener tranquilo a su compañero; y la otra era porque, si esos intrusos eran en verdad “terroristas”, le pareció extraño que no arrasaran los otros edificios. Y si era así, ellos debían tener un objetivo más pequeño, lo cual los convertiría en algo diferente a “terroristas”.

Ignorante de los pensamientos de Mike, Kitamura se sorprendió, aunque estaba preocupado a muerte por sus compañeras, no podía pasar por alto la actitud de su compañero. Escuchó bastante de él: supo que participó en todos los clubes deportivos de la escuela, dejando anonadados a todos mientras superaba con creces inclusive a los veteranos más experimentados. Al final aceptó ingresar al club de atletismo y ante las solicitudes de los otros clubes, éste las rechazó amablemente, siempre impregnado con una sonrisa.

Pero ahora, él se mostraba calmado, llegando a pensar que él estaba acostumbrado a esto. Kitamura apenas lo estaba conociendo, pero ahora no podía evitar pensar o intentar encontrar una razón para su actitud.

  • Kitamura

Mike interrumpió sus pensamientos sin mirarle a la cara. Habían llegado al primer piso.

  • ¿Q-qué pasa?
  • Quiero pedirte que a partir de ahora, hagas todo tal como te lo ordene. Y además, te pido que no le digas a nadie de lo que haremos a partir de ahora.

Terminó de decir esto, se volvió a Kitamura, sacó su smartphone y empezó a emplearla como si examinara algo.

  • ¿Ah?
  • Sigue las escaleras al sótano, ve hacia el sótano de la zona 3 y busca una puerta de acceso restringido, ese debería ser el cuarto de control eléctrico.
  • Es-
  • Toma esto — le obligó a recibir una especie de tarjeta de puro color negro; no pudo reconocer el material —. Te ayudará.
  • Espera-
  • No te preocupes, nadie debería estar ahí. — La electricidad sigue activa después de todo. Tal vez estaba fuera de sus necesidades; pensó Mike.
  • ¡Espera un momento! ¿¡De qué hablas!?
  • Es obvio mi querido camarada~ — Mike le sonrío, mientras ponía su smartphone cerca de su oreja —. ¡Vamos a salvarlas!
  • Huh… ¿Eh?


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