Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 35 (v.1) - Capítulo 5: Karaoke - Centro Comercial - Parte 8

Submitted: August 17, 2016

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Submitted: August 17, 2016

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Capítulo 5:
Karaoke
Centro Comercial

Parte 8

  • Entonces… empecemos con-

*CLACK*

Un sonido seco y consecutivo provino desde arriba, seguido de unos pequeños alaridos de miedo (seguramente provenientes de las personas doblegadas ahí), e interpusieron la siguiente orden del enorme hombre.

Se habían apagado las luces del tercer piso para arriba.

  • ¿Qué demo-?

El líder “terrorista” quiso decir algo, pero se calló al ver una figura humana en el aire, o mejor dicho, que salió despegado del tercer piso. Sin embargo, no era solo uno, inmediatamente, otra figura salió volando de otro costado, y seguido a ellos, otros cuatro hombres más.

Todos cayeron de bruces y sin emitir ningún ruido de conciencia. Ninguno cayó de un golpe directo a la cabeza, ni sobre algo potencialmente mortal, pero si debieron romperse algunos huesos; de brazos o piernas. Tal caída no debió ser suficiente para desmayarlos, ni siquiera matarlos —por la contextura y entrenamiento que cada uno debía tener—. Aun así, todos estaban noqueados trayendo consigo sus armas. Es más, ningún grito provino de alguno de ellos, ni antes ni durante su caída.

Sin embargo, el “líder terrorista” notó algo más. No eran solo los cuatro que cuidaban el tercer piso, sino también, a los que había asignado al cuarto piso.

  • ¡Disparen!

Ni bien los reconoció, dio su orden en forma de rugido, mientras apuntaba con su dedo índice al tercer piso.

Al instante, un sinfín de balas empezó a destruir los barandales, vidrio y más, de la tercera planta.

Después de unos segundos, el tiroteo cesó pero sin ningún resultado esperado. No había pasado nada más. Sí, los gritos de los rehenes se hizo presente, pero ninguno daba señal de estar herido, solo fueron gritos de miedo y pánico, nada más. Aun deberían estar apegados o dentro de las tiendas, y eso los quitaba de ser sospechosos de lanzar a los hombres. ¿Pero entonces quién lo hizo? — se preguntó el “líder terrorista”. Sin embargo, al segundo siguiente, otros dos cuerpos salieron del tercer piso y cayeron frente a sus narices. Eran los que había asignado a la sala de control y la azotea. Se estaban burlando de él.

  • ¡Todos ustedes! — se volvió y rugió a sus subordinados, poniéndolos rígidos de la impresión — ¡Cada uno coja a-!

*CLACK*

Pero nuevamente, el mismo sonido interrumpió sus órdenes.

La razón era la misma que hace un momento. Finalmente, las luces de los dos primeros pisos se apagaron, creando una obscuridad total. Pero no había tiempo de sorprenderse, sin espera, unos pequeños ruidos tomaron su atención. Parecían ser pasos, pero — ¿Cuántos son? — se preguntó el enorme hombre. Eran escasos y no podían pasar de cuatro, él pensó así. Entonces escuchó un golpe, seguido al toque de un arma al caer. Uno de sus subordinados había caído.

Nadie disparó. ¿Hacia dónde lo harían? La obscuridad impedía saber quién de ellos había caído, y si disparaban así al azar, ¿a quién le darían? ¿A qué le darían?

  • ¿¡Qué mierda hacen!? ¡Utilicen sus linternas! — su líder gritó, complementado por el toque de otra arma contra el suelo.

Los dos restantes, intentaron hacer caso, pero solo uno de ellos pudo prenderla, a tiempo de que una sombra se abalanzara sobre él, y su arma cayera y se deslizara por el suelo.

No pasó ni medio minuto y el único en pie era él mismo.

Entendiendo esto, estiró su cuello hacia arriba en señal de provocación. A pesar de que todos sus subordinados habían caído, él se mantuvo neutral, esperando a sus atacantes. En algún momento, sus ojos tomaron un brillo de ira y fogosidad.

Al escuchar detenidamente sus pasos, concluyó que eran dos, aún si sonara ilógico que dos personas pudieran haber hecho todo esto, él se mantuvo tranquilo. Al parecer tenía bastante confianza en sí mismo, o tal vez, todo lo sucedido no era tan increíble para él.

(Vamos… vamos…)

Se estaba animando a sí mismo. Y entonces, sin ningún ruido previo, recibió un primer golpe. Era una patada directo al lado derecho del cuello. No fue nada para él y aprovechando eso, intentó coger a su atacante, pero este fue más veloz, escapando quien sabe cómo. Pero ahí quedó el primer ataque

(¿Solo u-?)

Pero no pudo pensar más, inmediatamente recibió otro golpe, esta vez a su pierna izquierda. Nuevamente intentó atraparlo, pero en vez de eso, recibió otro golpe en su costilla derecha, después al hombro izquierdo, la costilla izquierda… Golpe tras golpe y siempre en una parte diferente, cada vez más y más rápido, todo entre patadas o puños.

(¡Mierda!, ¿¡cuántos son en realidad!?)

Asumió una postura de defensa para soportar el intenso ataque. Tenía una increíble resistencia. Pero eso no podía ser así para siempre, y si no hacía algo, tarde o temprano caería.

Todo siguió igual por lo menos un minuto y no parecía haber tregua en ninguna de las partes, pero…

*PUM*

Un fuerte y resonante sonido, producto de un poderoso e intenso impacto hizo eco en la obscuridad, pero este sonido fue el último de varios otros, los cuales fueron de los vidrios al romperse explosivamente y de muebles quebrándose.

Como si ese estruendo lo hubiese provocado, las luces de todo el edificio volvieron a encenderse, pero a una intensidad inferior. Fue suficiente para iluminar un escenario anormal y a la vez increíble.

Desde la vista de los rehenes, todos los hombres armados estaban tirados en el suelo. Nadie sabía a ciencia cierta cómo ocurrió, es más, nadie podría darse cuenta de que todos los “terroristas” estaban ahí tirados. Sin embargo, lejos de alegrarse, estaban desconcertados y aterrados; pues al proyectar bien la situación, entendieron que todavía no estaban a salvo.

El enorme hombre aún seguía ahí.

Era el único en pie. Respiraba con cierta dificultad y su cuerpo albergaba una cantidad increíble de moretones y rasguños. Sin embargo, eso era ínfimo ante su brazo derecho; o lo que parecía serlo. Todo su brazo se había ensanchado con malformaciones que crecían desde dentro, provocando que sus venas se hincharan y su piel cambiara a un marrón desagradable.

Y a pesar de que era alguien peligroso, un asesino, no pudieron apartar sus miradas de asombro y curiosidad. Entonces notaron algo más. Él no se movía, y solo se mantenía quieto mirando en una dirección. Ahí recién dieron cuenta del stand destruido, ubicado cerca de las escaleras automáticas. Solo quedaban escombros, pero…

De un momento a otro, esos escombros parecían moverse, emergiendo algo, mejor dicho, una persona se levantó de entre esos escombros, estando medio agachado hacia adelante. Entonces, hizo un movimiento exagerado de atrás hacia adelante para finalmente estabilizarse, dando la sensación de mirar directamente al líder “terrorista”.

Llevaba unos jeans color azul con cierto degradado y una polera color verde pálido con capucha, la cual impedía ver su rostro casi en su totalidad. Con un poco de análisis, podrías decir que había recibido un golpe de ese enorme brazo mutado. ¿Pero eso podía ser posible? ¿Alguien podría ser capaz de levantarse después de recibir tremendo golpe, que incluso destrozo un stand completo? En primer lugar, ¿es posible que alguien transforme su brazo de esa manera?

Por unos instantes más, el enorme hombre lo miró sorprendido, no era el único, pero a diferencia de los demás, este cambió su expresión a la de una bestia buscando sangre, quien no mataba por vivir, sino por el simple hecho de disfrutarlo.

  • ¡Eso es! — rugió —. ¡Un golpe no es suficiente para enmendar lo que has hecho!

Su expresión malformada por el júbilo y la cólera, hizo recordar a  todos los presentes la realidad de la que aún estaba frente a ellos. Aún podrían morir. Ellos podían aprovechar para escapar, sin embargo, sus cuerpos no reaccionaban, pero no era solo por el miedo, había algo más que los retenía aún. No sabían el porqué, pero al ver a esa persona de entre los escombros, tuvieron cierta sensación de que él era la causa.

Esa persona, tenía una complexión un tanto corpulenta, pero predominaba la sensación de ser alguien joven que no pasaba de los veinte. Ese chico se mantenía callado, y no se sabía que expresión estaba poniendo exactamente, pero podías notar varios rasguños en su cuerpo y ropa, pero nada más. Había recibido el golpe de un enorme brazo y destruido vidrios y muebles con su cuerpo, pero él estaba ahí, parado en una postura juvenil y analizadora.

  • ¡Vamos, ven!

El enorme hombre volvió a hablarle mientras movía sus enormes y desagradables dedos de adelante hacia atrás como incitándole. No sacó su arma, no la necesitaba, pues quería matarlo con sus propias manos, quería ver su sangre correr producida solo por sus puños.

Y en realidad, nadie sería tan estúpido como para enfrentarse cara a cara con ese contrincante, que parecía tener una habilidad extraña en sus brazos. El chico, antes tenía la ventaja en la oscuridad, pero durante sus movimientos poco a poco se volvieron constantes, creando un patrón. Ese fue su error. El corpulento hombre dio provecho de su falla, dándole un casi certero golpe y que al parecer, debido a la enorme fuerza de impacto, el choque contra la pared resonó tanto en el aire como en los muros, causando que la luz vuelva y muestre todo esto.

Pero todo esto, lo ocurrido, y toda esta larga y necesaria explicación fue desfasada por algo simple, inesperado, inverosímil e insólito.

Ese chico estaba sonriendo. Sí, el chico mostraba una sonrisa casi de lado a lado de su rostro.

¿Burlona? ¿O estaba disfrutando de esto? ¿Satisfacción?

¿Siniestra? ¿O perdió la cordura? ¿Locura?

No podían ver el resto de su rostro, no podían definirlo exactamente. Sin embargo, de alguna forma, daba la sensación de ser tenebrosa y malévola. Pero a ese enorme hombre no le importaba aquello, es más, ni siquiera lo tomó en cuenta.

Entonces, el chico saltó, no, salió impulsado con una fuerza y velocidad tremenda que acortó los 20 metros que los separaba en menos de dos segundos. Pero fue suficiente para que el enorme hombre esté listo para dar otro golpe, alzando su brazo para darle un golpe directo a la cabeza.

*ZAS*

Sin embargo, fue un golpe al aire.

  • ¡Uhk!

En el último instante, el chico inclinó la mitad de su cuerpo hacia atrás y aprovechando ese impulso, y la velocidad con la que venía, le dio una patada en el abdomen. En ese momento, instintivamente el “terrorista” doblo su cuerpo hacia adelante para reprimir el ligero dolor; el chico lo aprovechó para darle un explosivo golpe con su codo, directo a su quijada, elevándose ambos en el aire. Y como última parte de su combo, el chico dio un giro para darle una patada final, haciendo volar al “terrorista” unos cuantos metros y finalmente caer pesadamente soltando un pequeño sonido de dolor.

Sin embargo, el hombre logró ponerse de pie casi al instante.

  • ¡M-maldito!

Maldijo al chico mientras se limpiaba un poco de sangre de su boca. Y ante esto, el chico volvió a mostrar esa sonrisa. Ahora podía ver mejor su expresión. No era la sonrisa de alguien loco, sino la de alguien, quien había encontrado un juguete, al cual no le importaba jugar con él hasta romperlo.

Eso exasperó al “terrorista” hasta el límite.

Como si esperaba esa reacción, el chico se le acercó dando unos trotes rápidos. Estando a cierta distancia, el enorme hombre puso un pie delante y lanzó lo que parecía ser un fulminante golpe, pero fue esquivado fácilmente en un pequeño giro, haciendo que el chico mire el largo de su brazo, pero…

*ZACK*

De algún modo, el enorme hombre le había asestado un golpe directo al rostro, pero a pesar de lo repentino del ataque, en el último instante, el chico logró notarlo. El otro brazo del enorme hombre también se había transformado. El chico pudo bloquearlo cruzando sus brazos, y producto del impacto fue empujado un par de metros hacia atrás arrastrando los pies. Habiendo resistido el ataque, el chico, en un pequeño movimiento bajó sus brazos para avistar mejor a su contrincante. Pero eso fue un error.

  • ¡No me menosprecies! — le oyó rugir de muy cerca.

*PUK*

Aprovechando otro descuido, el “terrorista” logró asestar un in-esquivable, explosivo y certero puño en su rostro. El chico salió volando cerca de los rehenes, a una velocidad increíble, e igual que un proyectil se estrelló contra los escombros de la explosión y fue enterrado vivo.

El hombre, enderezado, dejó a relucir una satisfactoria y menospreciable sonrisa, seguro de su victoria. No era el único que pensó en ello. Los presentes, quienes solo podían ver, sin siquiera entender realmente lo que sucedía frente a sus ojos, creyeron en la derrota y tal vez la muerte del chico, pues a pesar de lo fuerte que parecía ser, no cambiaba el hecho que su cuerpo no podría ser capaz de soportar ese tipo de ataque.

Sin embargo, de entre esos escombros, el chico volvió a levantarse. Su ropa estaba rasgada y tenía varios puntos de sangre por todos lados, mientras que en su rostro, en su mejilla, lo único que había era un moretón apenas visible. Sí, fue como fue, recibió el golpe directamente, pero aun así, se volvió a levantar como si nada, aún con todo su cuerpo y ropa lleno de polvo, rasgaduras y varios cortes.

(¿Qué demonios…?)

Esto ya iba más allá de lo increíble y comprensible para los presentes. Todos se quedaron estupefactos, ya no sabían que pensar.

Ese enorme hombre no se sorprendió a tal punto, pero le resultó extraño que ese chico, que aún después de haber recibido ese golpe y de estrellarse de esa forma, aún pudiera levantarse. Pero, el chico estaba ahí, y aún más, volvió a mostrar esa desagradable sonrisa, y sin esperar más, se lanzó nuevamente contra el “terrorista”.

Aún con sus dudas, el enorme hombre no se dejó llevar y sin darle más vueltas al asunto, volvió a su punto principal: Destruirlo con sus propias manos.

Sin embargo, esta vez era diferente, el chico estaba preparado para atacar, y al igual que su contrincante, también tenía planeado usar su puño. Ellos iban a enfrentar sus puños.

Un conjunto de varios sonidos, difíciles de describir, junto a varias ondas de choque de una increíble y descomunal fuerza, se expandieron por toda el área. Afectando a los presentes en gran medida y haciendo que varios suelten algunos gritos de susto.

En medio de este anormal escenario, ahí estaban ellos dos, puño contra puño. El puño del chico, pequeño en comparación, estaba enfrentando con la misma fuerza e intensidad que la del enorme hombre.

  • ¿¡Ah-!?

Y por primera vez, ese hombre soltó una fuerte expresión de sorpresa. Y ante esa abertura, el chico, en un movimiento rápido, saltó y mediante un giro donde su cuerpo parecía quebrarse, lanzó una furtiva patada a su cuello.

El hombre no soportó lo suficiente, es más, salió volando varios metros.

Era algo irreal, ilógico, pero estaba sucediendo a la vista de muchos.

Pero…

No debió hacerlo de esa forma.

El hombre cayó muy cerca a los rehenes. Asustados de convertirse en parte de esa pelea de monstruos —pues para los presentes no podían ser otra cosa—, intentaron huir.

En un principio, ignorando esas reacciones, sin levantarse aún, el “terrorista” intentó asimilar lo sucedido.

(No puede ser…) — Anonadado por lo sucedido, apenas pudo sentarse y mirar a ese chico. Y ahí estaba él, de pie y con su misma postura y sonrisa. Imponente y superior.

(¡No puede ser verdad!) — destrozo parte del suelo de un golpe.

No podía aceptar tal cosa. Él que sobrevivió a tantos infiernos por su innegable fuerza, quién destrozo tantos cuerpos que ya perdió la cuenta. Alguien como él estaba quedando en ridículo frente a un crío. Lo negó una y otra vez, pero aun así no pudo borrar esa sonrisa ya impregnada en su mente. Ya desesperado, por fin notó la conmoción a su alrededor, y entonces encontró una forma de deshacerse de esa sonrisa.

Vio a un par de estudiantes tratando de ayudar a una anciana; escogió a la más pequeña. Tomándola desprevenida, rodeo su pequeño cuello con su enorme y anormal brazo. Ella intentó zafarse con sus manos y pataleando, pero era inútil. Intentó gritar, pero la fuerza de ese brazo amenazaba con romper su cuello si lo intentaba. Impotente, dejó de hacer movimientos bruscos mientras que de sus ojos cerrados, brotaron las lágrimas de dolor y sufrimiento.

Aquella chica tenía un bonito cabello negro y sus rasgos faciales parecían las de una niña, pero aun así, exhalaba el aroma de una chica de preparatoria. Era Shimizu Aika.

  • Ahora… juguemos otro juego.

En algún momento, los ojos del “terrorista” se torcieron en locura. No podía aceptar tal humillación,  así que tomó medidas, cambió sus planes. No importaba el cómo, o a cuántos necesitaba matar, tenía que salir victorioso. Tal vez, sabiendo esto, el chico se mantuvo quieto y con su boca cerrada, mostraba seriedad.

  • Oh… así que querías convertirte en un héroe. — sonrió con burla y desprecio —. ¡No te será fácil, bastardo!

El “terrorista” rugió mientras ajustaba más el cuello de esa delicada figura. Sus labios formaron  una sonrisa torcida y sus ojos desubicados disfrutaban ver que todo volviera a estar como él quería.

Era algo que no debió hacer.

  • Entonces… empe-

No terminó su frase. No porque algo le atacó, sino porque no había nadie. No había nadie a quien amenazar, pues ese chico ya no estaba ahí.

Tenía puestos sus ojos firmemente en él, pero aun así, ese chico desapareció sin más. Apenas divisó un pequeño remolino de viento en ese lugar, e instintivamente bajó la mirada. Ahí, frente suyo por debajo creyó ver la capucha, pero solo por un instante.

Entonces escuchó un pequeño, gelatinoso y desagradable sonido.

El “terrorista” se sintió extraño. Era una nueva sensación, como si algo hubiese cambiado. Sin embargo, su cerebro sabía muy bien qué parte cambió. Por eso, sus ojos se giraron hacia donde debería estar esa chica.

Pero ella ya no estaba ahí; tampoco su brazo. Lo único que vio fue un corte perfecto que sobrepasó ropa, carne y hueso, y la sangre que fluía sin control. Miró al suelo, y sus ojos, inyectados en sangre, vieron con horror, su brazo en medio de un charco de sangre.

Cayó de rodillas, y temblando intentó levantar su brazo desmembrado con el que le quedaba. Sin embargo, por más que mandará la orden una y otra vez, éste no quiso responderle.

Él, a pesar de haber asesinado a cientos de personas, por más que vio sangre como quien uno ve lluvia, no podía aceptar lo que estaba pasando. A pesar de su in-humanismo y su poco apego a la vida humana y a la suya misma, verse a sí mismo, mutilado, destruyó su sentido de superioridad y lanzó por la borda toda semilla de cordura.

Quiso gritar.

  • ¡Ah-! ¿¡Guh!?

Pero su cuerpo, víctima de un tremendo golpe en la zona de entre el estómago y el abdomen, recibió varias ondas de choque. Un puño expulsó todo el aire que contenía mientras una fuerza increíble atravesó su cuerpo, resonó en sus huesos y rompió varias costillas. Tosió sangre y encorvó su cuerpo hacia adelante en un intento primitivo de soportar el dolor, pero tuvo que apoyarse sobre su único, y ahora normal, brazo. Y su mano se tiño de rojo, mientras el charco de su sangre se expandía.

No logró recuperar el aliento hasta después de unos segundos, pero la fuerza había abandonado su cuerpo y su brazo apenas podía soportar su peso. Fue entonces cuando una voz grave y juvenil resonó en sus oídos.

  • ¿Con que un héroe?

Intentó levantar la mirada, pero fue en vano, su cuerpo poco a poco perdía facultades. Sin embargo, una mano apareció frente a sus ojos y clavó sus dedos en su cuello. Como si fuera un juguete, su enorme cuerpo fue levantado sin esfuerzo alguno, hasta que sintió a sus pies arrastrarse por el suelo. Antes apenas podía respirar, y ahora era incluso más difícil. Aun así, sus ojos intentaron buscar a los de su enemigo. Entonces, lo logró.

Aquellos ojos parecían brillar, pero eso no era lo que él veía, sino, esa mirada fulminante que atravesaba su conciencia. Esos ojos le estaban viendo con desprecio y odio, como si estuvieran viendo la cosa más repugnante del mundo.

Vio una vil aura incrementarse, y una indescriptible sed de sangre intentaba devorarlo, intentado sumergirlo en lo más profundo del miedo y desesperación.

Sin embargo, esa no era la mirada de alguien que estaba dispuesto a matar por proteger a alguien o una razón similar, pero sin duda, él conocía esa mirada, era similar a la suya, pero algo le decía que era diferente. Pero eso era algo que no podría comprender por más que lo intentara, pues esos ojos que lo miraban con odio puro, vieron la muerte en los tres aspectos que puede afectar a una persona. Lo único que ese “terrorista” podía reconocer era uno de esos aspectos, el cual era la de alguien que había producido la muerte por sus propias manos, en otras palabras, la mirada de un asesino en acecho de su próxima víctima.

Por primera vez en su vida. No, no fue la primera, pero sin duda ninguna como esta, sintió un inmenso miedo que superó sus capacidades; y su consciencia se congeló en la consternación, al sentir que su vida acabaría esa noche.

No era el miedo a perder la vida —ese tipo de miedo lo perdió hace mucho tiempo ya, de lo contrario, él no estaría aquí—, era aquel miedo que todo humano posee desde su nacimiento. Aquel miedo que puede ser superado con la voluntad y el conocimiento, pero ahora su cerebro estaba fuera de sí, echando riendas a aquel terror. Sí, en este momento, él estaba experimentando el miedo y terror de no poder ser capaz de enfrentarse a lo desconocido.

  • ¿Y? ¿Ahora puedes decir lo mismo?

Entonces, vio un movimiento fluido de sus labios, y estos, mostrando sus dientes, formaron una macabra sonrisa. Sus ojos se clavaron en él con más fuerza, como si estuvieran consumiendo su alma, como si un demonio estuviera reclamando el precio de su impertinencia.

  • N-no…

El hombre apretó sus dientes manchados de sangre. Su rostro se cubrió de sudor sin poder apartar su mirada de esos ojos. Su cuerpo, víctima del desfallecimiento por la pérdida de sangre, y por la fría sensación del miedo, no pudo siquiera articular palabras, ni rogar por su vida. Aunque la verdad, no hubiera podido hacerlo por más que le dieran el tiempo para hacerlo.

  • ¿En verdad pensaste que yo era un héroe? — se burló —. ¿Acaso un héroe haría éstas cosas? —y apretó sus dedos con más fuerza y una pequeñas líneas se sangre aparecieron entre ellos.

Esa voz no parecía de alguien de la edad que aparentaba, era la voz de alguien que provenía de la obscuridad, ¿pero qué hacía alguien como él aquí? Esta pregunta tal vez se le hubiera pasado por la cabeza en otras circunstancias. Sin embargo, ahora esa voz estaba sentenciándolo no solo en palabras.

  • Lamento decepcionarte, pero la verdad es poco diferente.

El chico renovó la fuerza de sus dedos y su sonrisa se volvió aún más retorcida a la vez que el moribundo hombre apenas podía intentar respirar e intentar hablar.

  • Bueno, acabemos con esto.

Y con estas últimas palabras, él, en un instante, se encorvó y se impulsó en un increíble salto que sobrepasó por mucho la altura del tercer piso, donde apoyó toda su palma en la cara del hombre, quien en ese instante tomaba la postura como acostado mientras sus piernas subían un poco más arriba, y ambos cayeron con una increíble fuerza y velocidad.

Tremendo impacto creo una inmensa grieta en el suelo, e hizo que el polvo y desechos de las destrucciones previas se expandiera por toda la zona.

Cuando se hubo despejado el polvo, se pudo ver al hombre, o lo que se podía reconocer de él, quien yacía sobre una enorme grieta mientras la sangre poco a poco se acumulaba a su alrededor. El chico estaba junto a él, encorvado sobre sus piernas flexionadas para soportar el impacto. Luego se levantó con pereza.

  • ¿Nada más?

El chico soltó un suspiro mientras observaba el cuerpo inerte de ese “terrorista”. Entonces se dio la vuelta y empezó a caminar poniendo sus manos dentro de sus bolsillos. Y luego de dar un pequeño vistazo, caminó directamente hacia el cuerpo del hombre asesinado antes de su intervención. Pero se detuvo a no muy lejos de él, y revisó a su alrededor, girando solo su cabeza, como si estuviera verificando algo o tal vez por curiosidad. No se podía asegurar nada, ya que no se podía ver que expresión estaba poniendo en realidad.

Y volviendo su mirada hacia al frente, apenas inclinó un poco su cuerpo y sin más, saltó hacia el barandal del segundo piso y con varios saltos más, llegó a quien sabe qué piso y en algún momento desapareció.


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