Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 36 (v.1) - Capítulo 5: Karaoke - Centro Comercial - Parte 9

Submitted: September 23, 2016

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Submitted: September 23, 2016

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Capítulo 5:
Karaoke
Centro Comercial

Parte 9

Indescriptible.

Es lo que a todos los presentes, antes rehenes, les pasaba por la mente al siquiera intentar describir lo ocurrido.

A pesar de presenciarlo en carne propia, a pesar de que todo sucedió frente a sus ojos, no podían asimilarlo. Desde la explosión, experimentaron la agonía, el miedo y la tragedia; después vieron algo inimaginable e increíble, pero a la vez misterioso, incomprensible, siniestro e indescriptible. Fue una avalancha de emociones y sensaciones tan fugaces como profundas, tan diferentes que se contradecían a cada momento, superponiéndose una sobre otra. Fue tal que, pasado ya varios minutos, nadie se movía ni decía nada.

Y entre esas personas, estaba Shimizu Aika. Sin embargo, ella, inesperada y contrariamente a lo que sus amigos podían creer, siempre se mantuvo tranquila durante todo lo sucedido.

Cuando ocurrió la explosión, lo primero que hizo fue ver si todas sus nuevas amigas estaban bien, y al ver a los “terroristas” hizo todo lo posible para guiar y calmar a sus amigas fuera de su rango de muerte. Más aun, cuando le dispararon a aquel hombre, ella inmediatamente se volteó y trató de evitar que sus amigas vieran ese espeluznante momento mientras mostraba una ligera mueca de dolor.

Así se mantuvo hasta que ese enorme hombre cayó cerca de donde estaba, mientras intentaba ayudar a una anciana con la ayuda de una de sus amigas, Rikka, quien se logró percatar de lo que sucedería pero nada pudo hacer por ayudarla. Recién en ese momento, cuando ese enorme hombre rodeó su pequeño cuello con ese anormal brazo, cuando sintió que no podía respirar, cuando sus fuerzas la abandonaban, recién en ese momento despertó de su ilusión.

Intentó zafarse, patalear, arañar ese brazo; pero la fuerza de sus pies no le hacía nada, sus pequeñas uñas querían quebrarse ante una solidez que parecía roca. Intentó luchar por no quedar inconsciente y salvaguardar su vida.

Pero era inútil, no lograba nada, ni siquiera ganó la atención de ese hombre que parecía conversar, y sin más fuerzas, su consciencia poco a poco se perdía. Sin embargo, antes de perder el conocimiento por completo, en un instante sintió su cuello libre mientras una extraña sensación se apoderaba de ella.

Cuando esa sensación desapareció, sintió la necesidad de toser. Mientras lo hacía, una ligera brisa pasó sobre ella. Ya recuperada un poco, trató de abrir sus ojos pero apenas pudo entreabrirlo. Aun así, hizo todo lo posible por ver dónde estaba, y se descubrió no muy lejos de ese stand destruido durante ese momento de obscuridad, cerca de las escaleras automáticas.

Confundida, buscó donde estaba hace unos momentos. A unos metros en adelante, antes de que sus ojos se pudieran centrar en el pequeño estrado, ubicó a ese hombre que pudo matarla.

Sus piernas no se sostenían sobre el suelo, y sus brazos... En un acto-reflejo se llevó ambas manos a la boca. No podían creer lo que estaba viendo. A ese hombre le faltaba un brazo.

La sangre aún seguía saliendo de sus articulaciones pero el hombre no se quejaba. No, ese hombre estaba diferente de antes. Ese hombre que apenas minutos antes sus ojos eran la de un despiadado asesino, ahora solo temblaba de miedo mientras su sangre caía al piso desde su mutilado brazo y su boca.

Entonces vio la mano del chico, quién cargaba al hombre sin esfuerzo alguno. Es más, de un momento a otro lo vio saltar, cargando al hombre sin usar más que su mano, y habiendo llegado a una altura increíble e impensable, cayó en un evento aún más espectacular, desplegando una gran ola de polvo mientras el sonido del concreto agrietándose infligía el temor de abrirse el suelo. Y solo después de haberse despejado el polvo, dejó al descubierto la figura del chico irguiendo su cuerpo con total naturalidad.

(¿Quién es él?) — Ella se preguntó en ese instante.

Ese chico había salido de nada y en tan solo unos cuantos minutos había logrado acabar con todos los “terroristas”. Después tuvo un inexplicable e increíble enfrentamiento con ese inescrupuloso hombre, y aún con lo temible que fue su contrincante, finalmente salió victorioso. Sin embargo, lejos de brotar un sentimiento de esperanza o tranquilidad, ese chico proyectaba la misma esencia que aquel hombre, tal vez peor.

Ella no podía alejar sus ojos de tal acontecimiento, y así lo vio mirar por un segundo a ese hombre, que ahora estaba tendido inconsciente en el suelo agrietado, en medio de un charco de sangre. Pero casi inmediatamente el chico miró hacia otro lado y empezó a caminar hacia donde estaba el cuerpo de aquel hombre muerto minutos antes de su llegada. Pero se detuvo a medio camino y dio un vistazo alrededor. En ese instante creyó poder sentir su mirada, no entendía por qué, pero sentía cierta calma viniendo de él; o eso creyó sentir.

Y al igual que los demás, luego de que esa extraña persona desapareciera en el aire, no se movió, no dijo nada, no pensaba nada.

Era un silencio total, donde los latidos del corazón lo eran todo, y donde pregonaba los rastros de todos los sentimientos y sensaciones encontradas. Todo fue así hasta que…

  • ¡Aika!

(¡Ah!)

Una voz resonó en todo el lugar, despertando a todos de ese trance prologando, que fue pequeño, pero para ellos casi infinito. Pero fue Aika quien sintió un brinco de su corazón, no de susto, sino de…

(Keita…)

Ella reconoció al dueño de esa voz, causando que su nombre pase libremente por su mente.

  • ¡Aika! ¡¿Dónde estás?!

Se escuchó nuevamente su voz, proveniente de los escombros de la explosión. De donde segundos después, surgió su figura, buscando, mirando de un lugar a otro con obvia preocupación y cierto miedo en sus ojos.

En ese instante ella se quebró.

(Keita…)

Su nombre nuevamente cruzó su mente, recordándole todo lo sucedido, todo lo vivenciado y todo lo confundido.

No fue que ella se mantenía tranquila, no, ella misma trataba de hacerlo, superponiéndose a sí misma de que debía ser capaz de soportar algo como eso. Pero en ese momento, en que luchaba por su vida, se dio cuenta que eso no era así. Su mente quedó en blanco como del de los demás al presenciar y vivir todo eso, pero cuando escuchó esa voz que la llamaba, en ella despertó todos esos sentimientos retenidos y a la vez se llenó de un sentimiento cálido y tierno.

No pudo controlar su cuerpo caminar hacia él, ni su mano alzándose hacia él, en busca de ese confort que su corazón buscó tanto en aquel tiempo atrás, y que ahora, en afloro desde lo más profundo de su corazón, siente que no será rechazado.

Y fue en ese momento en que él se percató de su presencia y dibujó una sonrisa llena de alivio y de ternura hacia ella mientras abría sus brazos. Y ella, corriendo, terminó el poco espacio que los separaba para finalmente saltar a él, hacia sus brazos.

  • ¡Keita!

Por fin pudo pronunciar su nombre mientras se acurrucaba en él. Y él la rodeó con sus brazos diciendo:

  • Está bien... todo está bien.

Simples, realmente simples palabras, pero que en ese momento fueron tan reconfortantes que ya no pudo controlarlo más.

  • Uwaaaahhh…

Ella se dejó llorar, al igual que una niña, lloró con todas sus fuerzas, pero suprimiendo su llanto mientras se apegaba en el pecho de Keita.

Ella había retenido todo su miedo, lo había disfrazado, pero con él, apareciendo justo en ese momento, liberó su corazón y dejó brotar todo lo que sentía.

Un sinnúmero de aplausos saludaron la hermosa escena. Ante ello, él se avergonzó un poco.

Después, todos empezaron a levantarse y ayudarse entre sí, incluso algunos empezaron a llorar, abrazarse, dar las gracias. Habían sobrevivido, aunque las razones eran inexplicables, ellos solo tenían una cosa en mente:

“Podían volver a casa”

Aunque ciertamente, eso no era lo mismo para todos. Había otras personas que sufrían y lloraban sin control por los que habían muerto. Sí, habían sobrevivido, pero eso no podía devolver las vidas que se habían perdido, las partes de su vida que habían sido arrebatadas.

Eso era algo que Keita sabía muy bien, pero también sabía que era algo que no podía cambiar por más fuerte que sea. —Al final, la fuerza no lo puede todo— recordó las palabras de Mike.

  • Joven.

Un caballero se acercó a la pareja y habiendo recibido la atención del joven, continuó.

  • Perdón por molestarte, pero ¿cómo lograste entrar? ¿Acaso la policía viene contigo?

Ante ello, él mostró una sonrisa, como la de un niño travieso.

  • Lo siento, pero yo solo me colé sin que la policía se diera cuenta.
  • …… jajaja.

Ante esa respuesta, el hombre no pudo evitar soltar una pequeña carcajada.

(Realmente debe quererla) — Pensó como suspiro para recuperar el aliento.

Para él, el joven frente suyo, ignoró todo, solo para encontrar a la chica que tenía entre sus brazos. Era realmente algo temerario y estúpido, ya que entrar aquí, de la forma en que lo hizo y si aún seguirían bajo la merced de aquel hombre, hubiera significado su muerte. O tal vez, este chico también había sido testigo de lo ocurrido y que igual a todos, no pudo reaccionar hasta pasado un tiempo. Tal vez habiendo llegado a esta conclusión, decidió retirarse y dejar a la pareja sola.

  • Pareces ser un caso especial.
  • Gracias, eso lo sé de antemano.
  • Siento haberte molestado.
  • No se preocupe, hasta luego.

Luego de esa despedida y mientras se retiraba el hombre, en un tardío y casi inesperado momento, por fin la policía hizo su aparición.


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