Donde todo empezó Vol. 2

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Status: Finished  |  Genre: Other  |  House: Booksie Classic

Chapter 8 (v.1) - Capítulo 2: Somnoliento y con problemas - En la escuela… - Parte 3

Submitted: May 07, 2016

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Submitted: May 07, 2016

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Capítulo 2:
Somnoliento y con problemas
En la escuela…

Parte 3

Cuando entré a la clase, Tachibana ya estaba dando las últimas pautas para el día de hoy.

¿Qué más puedo decir?

Obviamente, todos me miraban. No solo había llegado tarde, sino que era mi primera clase después de casi dos semanas de ausencia y que los exámenes y vacaciones de verano estaban a la vuelta de la esquina.

Bueno, sin prestarles importancia ni tampoco intentar verles a la cara, me dirigí a mi asiento. Cuando me acosté sobre mi lugar, inmediatamente las murmuraciones comenzaron a expandirse, pero extrañamente, el ambiente lucia diferente a lo normal.

¿Será porque aún sigo cansado?

De todos modos, Tachibana no demoró en retomar la reunión, pues en cualquier momento podía ingresar el profesor.

***

El tiempo transcurría lentamente…

La voz del profesor…

El sonido de la tiza…

El ligero viento que golpeaba la ventana de adelante…

Una que otra vocecilla entre mis compañeros…

Todos estos sonidos estuvieron divagando por mi mente durante toda la mañana, sin mencionar que apenas podía mantener mis ojos abiertos. Y era más que obvio que no entendía nada de lo que decían los profesores.

Para cuando finalmente llegó la hora del almuerzo, apenas había logrado mantenerme despierto. Pero ni bien sonó la campana, mi cabeza cayó sin resistencia alguna sobre la mesa.

Ya no puedo más…

Me acomodé sobre mi brazo y mi mente poco a poco se alejaba al otro lado, cuando…

¡¡TACK!!

Repentinamente, el fuerte sonido de la mesa al ser golpeado con la palma de la mano, resonó en mis oídos, pero como si esperaba que eso sucediese, el sonido no me afectó mucho.

  • ¿Mm…?

Intenté levantar mi cabeza, pero a duras penas logré levantar la mirada. Ahí estaba mi queridísima delegada y a su lado obviamente estaba Shimizu.

  • Ah… son ustedes… – Dije mientras intentaba mantener mis ojos abiertos.
  • ¡Nada de “son ustedes”! ¿¡Qué crees que estás haciendo!?
  • Ahora no, Tachibana… – Intenté acurrucarme nuevamente en mis brazos.
  • Ya me colmaste… – Cogió mi brazo – ¡Ayúdame Aika! ¡Esto aún no ha acabado!
  • ¡De acuerdo! – Shimizu se oía decidida mientras ayudaba a su amiga, sujetándome de mi otro brazo.
  • Esperen…

A pesar de que me llevaban en contra de mi voluntad, no ofrecí resistencia alguna. Y mucho menos sé cómo reaccionaron los demás ante esta situación.

Para cuando me di cuenta, ellas me habían traído hasta la azotea, no sé cómo lo hicieron con las escaleras pero aquí estábamos. Sin embargo, apenas salimos del edificio, ellas soltaron mis manos y se quedaron quietas sin decir nada más.

  • ¿Qué pasa…? – Pregunté por la confusión y sin mucha energía.
  • Shion-san… – y en respuesta a mi pregunta, Tachibana empezó a hablar sin voltear a mirarme.
  • ¿Mm?
  • ¿A dónde fuiste?

Su voz era inesperadamente suave, que me incitó a levantar la mirada. Sin embargo… lo siguiente que vi clavo un cuchillo directo al corazón.

  • ¿Por qué te fuiste así…?
  • ¡…!

¿¡Lágrimas…!?

Fue Shimizu, que también estaba de espaldas, quien inesperadamente giró hacia mí, pero que mientras lo hacía, unas pequeñas perlas brillantes se combinaron con el viento.

Fue recién en ese momento que pude notar la vulnerabilidad con la que sonaban sus palabras, recién me di cuenta que la voz de ambas guardaban algo más que enojo. No podía definirlos, era incapaz de hacerlo, pero sin duda ellas guardaban muchos sentimientos encontrados, siendo tan fuertes que claramente les dolía.

Al notarlo, inmediatamente sentí el punzón en mi pecho.

Invadiéndome en un sentimiento extraño y doloroso.

Despertándome totalmente de mi somnolencia.

Me había ido sin decirles nada y no había contactado con ellas en dos semanas. Era claro que estaban molestas conmigo. Pero esto iba más allá de estar enojadas.

D-debo disculparme. – Pensé.

  • Este… yo-

Pero no pude seguir más.

Pues, de un momento al otro, recibí un golpe y caí pesadamente al piso de sentanazo. No tenía mi centro de gravedad equilibrado, por lo que caí fácilmente.

Tocando mi mejilla, ligeramente roja, miré a mi atacante.

  • ¡Au! ¡Duele! ¿¡De qué está hecho tu cara!? – Tachibana se quejó mientras agitaba su mano en señal de dolor.
  • ¿Eh?
  • ¡Eso es por hacer preocupar a Aika!

Al escuchar mi voz confundida, ella apretó sus dientes y me gritó enojada (por no decir furiosa), pero aun así, sentí que su voz se quebraba.

Inmediatamente me volví hacia Shimizu.

  • ¿¡Acaso sabes cuán preocupada estaba!?

Shimizu me regaño aumentando el tono de su voz, mientras juntaba sus manos en su pecho. Su expresión se volvió dolorosa, casi llorando. Estaba enojada pero a la vez podía sentir cuan aliviada se sentía al verme nuevamente frente a ella. Pero también…

  • ¿¡A caso sabes cuan culpable se sentía Yuki!?

Instintivamente observé a Tachibana, pero ella ya no me mostraba su rostro.

Me encontraba en blanco, sin saber cómo continuar con el flujo de los eventos, solo dejándome llevar por lo que decían.

¿Culpa? ¿Pero por…?

Entonces por fin recordé y lo entendí.

Había desaparecido por dos semanas. No había forma de contactar conmigo. Y todo eso pasó justo después de que todos en la clase me vieron sin lentes, cuando Tachibana me habló en las escaleras. Todo apuntaba a aquella advertencia que hice hace más de un mes. Yo les dije…

“Si alguien más se entera de mí amnesia. Ténganlo por seguro, nunca más me volverán a ver.”

Si, después de que toda la clase me vio sin lentes, desaparecí sin decirle nada a nadie y eso, obviamente hizo que Shimizu se preocupara. Importaba poco si Mike estaba o no, pero el hecho de no poder contactarme, a pesar de que le di mi número, empeoró la situación.

Al ver esto, Tachibana se echó la culpa. El hecho de haberme expuesto al resto de la clase, hizo que cumpliera con mi promesa, no importaba si ella cumplió o no con el trato tal como acordamos. Posiblemente pensó que era una prueba que yo le puse para saber cuan confiable podía ser.

¿¡Qué acaso Mike no les dijo algo, aunque sea una mentira!? No… no es así.

Inconscientemente culpé a Mike, pero inmediatamente me retracté. Solamente estaba buscando un culpable, una excusa. Pero no sabía qué decir, mucho menos cómo reaccionar. Una simple disculpa no podría arreglar todo lo que pasaron, todo lo que sintieron.

Incliné la cabeza en impotencia.

Mi cerebro no podía formular palabra alguna. Ni siquiera podía enfrentarlas frente a frente. Tachibana seguía demostrando su furia contra mí, aún sin mirarme a la cara, pero no era como siempre, era como si estuviera controlando otros sentimientos mucho más profundos. Shimizu también me miraba enojada, pero también sé que por cada palabra que había pronunciado, sintió un inmenso dolor.

En ese momento me culpé aún más mientras apretaba mi puño.

Era culpable por tomar sus sentimientos a la ligera.

Era culpable por no cuidar de su amistad.

Solamente yo, nadie más.

Yo…

Yo…

  • Listo, ahora me siento mejor.

¿Huh?

Ante esas palabras, levanté la vista hacia ellas en confusión.

Fue Tachibana, quien estiraba sus brazos, luego de respirar profundamente, mostrando su calma y satisfacción.

  • Me siento igual. – Dijo Shimizu con el mismo tono, aún con sus manos sobre su pecho, como suspirando. – Ya estoy más tranquila.

¿Eh? ¿Por qué se oyen tan calmadas? ¿Me… me han perdonado?

Aunque eso suene irreal, (en especial de Tachibana) el hecho de verlas tan relajadas, alivió mi corazón. Era como si haya podido hallar una luz al final de este obscuro túnel. Y como todo humano que soy, intenté alcanzar esa luz.

  • Chic-
  • Silencio, ¿acaso creíste que te perdonamos? ¡HMPH!

Sin embargo, una fría Shimizu me respondió evadiendo mi mirada con los brazos cruzados.

Quedé en shock. Sentí que mi cuerpo se había convertido en una piedra agrietada a punto de desmoronarme por cualquier golpe.

  • ¿Deberíamos darle un castigo?
  • Buena idea Yuki~ – Shimizu apoyó la idea de su amiga con alegría mientras juntaba la punta de sus dedos – Shion-kun necesita conocer su lugar.

Palabras que nunca esperé escuchar de ella.

Palabras pronunciadas en medio de una bonita sonrisa y que influyeron en mí, el miedo más grande que haya sentido antes (creo que estoy temblando).

No pude evitar tragar saliva mientras una gran gota de sudor recorría rápidamente mi rostro.

¿Me darán tiempo para escribir mi testamento?

***

Luego de recuperarme un poco, les pedí permiso para ir a comprar algo para comer (después de todo era hora del almuerzo). Felizmente aceptaron, pero con la condición que volviera inmediatamente. Ellas también aprovecharon para traer sus propios almuerzos.

No plantearon el castigo. Aún. Solo se limitaron a tratarme como a un ser inferior, mientras mostraban auras de maldad mientras sonreían.

Mike ni se apareció. Desde el principio solo se limitó ver todo desde lejos, seguramente con una gran sonrisa impregnada en su cara. Él sabía lo que iba a pasar, pero no mencionó nada, ahora debía estar con Ishikawa y los otros disfrutando de su almuerzo despreocupadamente. De eso estoy completamente seguro.

Durante el tiempo restante del almuerzo, me ignoraron completamente arrinconándome en una esquina, mientras almorzaban y conversaban tranquilamente.

No preguntaron nada más.

Supongo que ya sabían que a pesar de cuantas preguntas me formulen, no lograrían sacar mucha información. Eso era seguro, no importaba cuanto miedo sienta, no dejaría que ellas supieran de las razones por las que desaparecí.

***

Cuando por fin sonó la campana, anunciando el fin de mi tormento, guardamos todo y empezamos a bajar las escaleras. Pero mientras lo hacíamos, no pude evitar hacer un enorme bostezo mientras estiraba mis brazos hacia arriba.

  • Que sueño…
  • ¿No dormiste bien, Shion-kun?

No esperaba que alguna de ellas respondiera a mis palabras, pero al escuchar la voz preocupada de Shimizu preguntando por mi estado, sentí que mi afligido corazón se liberaba del terror.

  • Sí… no… mm… Más bien, no dormí lo suficiente.
  • ¿Ha? Quién sabe en qué cosas estabas perdiendo el tiempo.

Esta vez, fue Tachibana quien me habló, pero su voz denotaba que no le importaba si le respondía o no. Además, no tenía la voluntad para responderle.

Acababa de terminar por un infierno mental de tan solo una hora, pero ese pequeño tiempo superó con creces mi entrenamiento de dos semanas. Y todavía faltaban las clases de la tarde.

Si pude con las de la mañana, debo ser capaz de resistir… Creo.


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