Cuidalos

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Status: Finished  |  Genre: Literary Fiction  |  House: Booksie Classic
An original short story in Spanish.
Un cuento original en español.

Submitted: June 26, 2012

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Submitted: June 26, 2012

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Cuídalos

Un cuento de Yamil Y. Báez

el 26 de junio 2012

No hay nadie que pueda resistir el poder del amor ni el llamado a la paz que ofrece la muerte.

YYB

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La nota se movía por la fuerza de los nervios de la mano que la sostenía. No podía dejar de temblar. Osiris leía, y leía, y re-leía la nota. “Cuida a tus hijos”. ¿Cómo carajo iba a cuidar a los niños? ¿Qué es eso---cuidar---? Sentado solo en la cocina, pensaba en voz alta sin que nadie estuviera allí para escucharlo.

No se puede resistir mucho por mucho tiempo. No sé cuánto ni cómo, ni de qué manera se resiste al llamado de la no existencia. ¿Cómo será? Cuando miro a mi alrededor, nada, nada, tiene sentido. No comprendo nada…lo que es estar sentada en una mesa escribiendo. Lo que es una mesa. Lo que es una casa ni lo que es el picazón que acabo de sobar cerca de mi ojo. No sé para qué son las calles, el aire, la grama ni el sol ni la luna. ¿Para qué? No sé y no comprendo. ¿Sabes tú?

Rosana trataba de detener la conversación que se daba en su mente. Las palabras rebotaban en las paredes cerebrales y ella no lo podía parar. Nadie responde a la pregunta entonces nadie sabe. Seguimos con la lógica porque la lógica, al contrario a la magia, nunca falla. Lógicamente la vida no tiene lógica, no tiene sentido, no ofrece razones. Ella mira por la ventana hacia el patio donde están sus tres hijos jugando por el ratito que se les permitía. Clarita es apenas una bebé así que ella todavía no aporta mucho pero por lo menos mientras sus hermanos mayores la entretienen, Rosana pueda lavar la ropa. Su mirada baja y se queda en la cubeta llena de ropa, agua fría, y jabón. Ella sigue restregando los jeans de su esposo a mano. Mientas más restriega, más se crea un ritmo hipnotizante en el cual ella se pierde y se siente como si estuviera fuera de su cuerpo. Rosana se puede ver desde arriba, los hombros subiendo y bajando para meterle más fuerza a esos jeans. Es una tela pesada y le cuesta lavarla bien. Pero a medida que pasa el tiempo, menos sentido tiene lo que está viendo. Es que no tiene sent….—“¡Ma! ¡Mami!”...su hijo mayor interrumpe su estado espacial. Luisito le está pidiendo ver como su hermanita está empezando a caminar.

“¡Mami mira! ¡Mira! ¡Clarita está parada! ¡Quiere caminar!”

El cuerpo de Rosana salta y se le ve una sonrisa. “Gracias Luisito. ¡Qué linda Clarita! ¡Ven donde mami”!

Más tarde Rosana se anima con las ganas de contarle a Osiris sobre el gran paso que tomó su hija en el día pero esa noche él no llegó a casa. No. Él llegó como a las 5 de la mañana para lavarse, cambiarse y desayunarse. No hubo tiempo para hablar de cosas alegres. Ni siquiera hubo tiempo para compartir una mirada. Osiris se fue a su trabajo de quien sabe qué. Rosana siguió con su día como todos los otros días. Los únicos momentos de emoción palpable eran aquellos cuando Luisito, Anabelita, y Clarita andaban por el patio sin cuidado, hablando en su lenguaje de hermanos y disfrutando de los miles de encantos que ofrece la naturaleza.

En la tardecita, Luisito y Anabelita están en la escuela y Clarita se acuesta a dormir siesta. Rosana se sienta y escribe su nota a Osiris.

No pudo resistir más.


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